jueves, 19 de abril de 2018

“La niña que soñaba con tocar las nubes” de Sara Fisac Hernando. TERCER PREMIO DEL CONCURSO DE RELATO CORTO "PEÑALVENTO"



Las nubes cambian constantemente. A veces nos muestran perritos esponjosos, dragones enfurecidos o castillos increíbles. La niña que miraba por la ventana lo sabía muy bien. Se encontraba en una antigua casa de la sierra en medio del campo, porque sus médicos le habían recomendado que respirara aire lo más limpio posible. Tenía los pulmones muy débiles, y a menudo sufría ataques de tos y espasmos incontrolables. No solía hablar mucho, ya que le costaba y se cansaba enseguida. Ella solía mirar las nubes transportadas por el viento para escapar de su triste realidad. No tenía amigos, pero a ella le bastaba con imaginárselos en las nubes. Acostumbraba a pasarse el día frente a la ventana de su habitación imaginando historias y soñando con que en algún momento, ella también pudiese formar parte de ello.
       Un día fue peor que el resto, la niña no había podido levantarse de la cama, y el cielo estaba encapotado, con lo cual todos sus amigos no fueron a visitarla aquella vez. Cuando sus padres salieron de la habitación, haciendo un esfuerzo superior a sus fuerzas, intentó levantarse, casi al mismo tiempo un ataque de tos la sacudió entera. Respirando trabajosamente se acercó a la ventana y su reflejo la devolvió la mirada, una mirada llena de tristeza y pesar. Oía a sus padres discutir, y ella se entristeció aún más, culpándose de ello. Salió de la casa mientras las lágrimas desbordaban sus ojos, y lloró mientras iba a ninguna parte. Encontró un sauce llorón y se tumbó en sus raíces. Lo último que vio antes de que la oscuridad la envolviese como un cálido abrazo, fueron las nubes haciendo remolinos sobre su cabeza.
           Cuando abrió los ojos, sorprendida, se dio cuenta de que estaba rodeada del blanco resplandor de las nubes y frente a ella, todos los amigos con los que había soñado estar. Y la niña jugó, corrió y rió como nunca antes había podido hacerlo. Una sonrisa iluminaba su rostro, ajena a lo que ocurría
en el otro lado. Ajena a unos padres que abrazaban desconsolados el cuerpo inerte de su hija bajo un sauce. Ajena a las lágrimas que se mezclaban con la lluvia y a los sollozos ahogados por los truenos.
                                     

No hay comentarios: