jueves, 19 de abril de 2018

"Extraños" de Lucía Espinosa


Todo había cambiado mucho desde que esos seres llegaron, pensó mientras preparaba el desayuno, nadie sabía exactamente como ni cuando llegaron a la Tierra, lo único que Ibis sabía es que eran peligrosos y que se habían llevado a sus padres nadie sabe cuando. Una de las muchas cosas malas que tenían los oscuros (como Ibis había decidido llamarles) era que cuando mataban a alguien, nadie se acordaba de ellos, solo que existieron. Ibis no podía recordar el aspecto de sus padres, (aunque ella siempre había querido pensar que se parecía a su madre con su pelo caoba y sus ojos marrones verdoso, nada parecidos al pelo negro y los ojos azules de sus hermanos Philomena e Intuintus que eran gemelos), ni su carácter, ni siquiera como se llamaban, solo recordaba que en algún momento los había tenido. El sonido de unos pequeños pasos detrás suyo la devolvió a la realidad. Intu y Philo estaban despiertos y la miraban con cara de sueño.
- Buenos días Ibis-dijo la melódica voz de su hermano Intu- ¿Ya está el desayuno?
-Sí, ¿teneis hambre?
-Mucha- dijo Philo con su vocecita aguda.
-Pues a comer.
Los niños se sentaron en la mesa e Ibis les sirvió una manzana a cada uno. Mietras todos comían sus respectivas manzanas un grito rompió el silencio. Ibis salió corriendo hacia la puerta. - Niños, meteos en vuestra habitación, no hagais ruido- dijo Ibis en un susurro. El asentimiento de los niños la dió a entender que la estaban escuchando y corrieron hacia su habitación. Ibis cogió su ballesta y abrió la puerta. A unos pasos de la puerta de la cabaña había un niño, más o menos la misma edad que ella, 16 años, arrastrandose por el suelo. -¡Ayuda! Por favor- Ibis levantó su ballesta hacia el chico.-Dime que estas haciendo aquí y a lo mejor tendré piedad con tigo- dijo Ibis con una mirada amenazante.
-Por favor no dispares, se han llevado a mi hermano, y casi me llevan a mi con él, dejame pasar, si me encuentran así me matarán como hicieron con él, solo te pido quedarme unos días para recuperarme y luego me iré, no se a donde pero me iré- el niño levantó la cabeza e Ibis pudo ver sus dos ojos verdes mirandola con piedad. Detrás del niño aparecieron dos oscuros, eran negros completamente y flotaban como fantasmas, no tenían ojos, ni boca lo que hizo que Ibis se preguntasé por donde comían a sus presas. Cogió su ballesta y empezó a disparar a todas partes pero no hacía efecto, Ibis corrió hacia el niño, lo cogió por los brazos y lo metió dentro de la cabaña, arrastrándolo y cuando llegó cerró la puerta. Sabía que los oscuros no podrían entrar por un hechizo que un hechicero hizo a la cabaña.- Vale, dime ahora quien eres y por qué te estaban persiguiendo- dijo Ibis con el corazón a cien.
-Mi hermano y yo ibamos a la casa de un hechicero que vive en este bosque, se como hacer que el mundo vuelva a ser como antes.

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