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sábado, 27 de mayo de 2017

"Querido chico del mar azul" de Alba Amelibia

En el océano profundo,
en un mundo muy oscuro.
Te vi;
chico del mar azul

Tus ojos brillantes,
nuestra última mirada.
La despedida,
un largo y eterno sueño.

No pude decir nada,
me hundí bajo el agua,
junto a él;

Mi último adiós a tu lado.
Querido chico del mar azul,
despierta entre las aguas.


"Aprovéchalo" de Alejandra Calvo

El tiempo es eso que parece transcurrir tan rápido cuando te encuentras en una situación agradable y, a la vez,  el tiempo puede parecer que pasa muy lento cuando estás en una situación incómoda.
¡Y es que el tiempo es muy relativo!
Cuando eres pequeño el tiempo va con calma y, a medida que vas creciendo, va pasando más y más rápido hasta que llegas a ese punto de encontrarte en la edad adulta y recordar esos buenos momentos vividos en la infancia.
El tiempo pasado se puede observar en cada anillo que aparece en el tronco de un árbol;  en la altura que van alcanzando los niños; en las velas que soplamos cada año; en cada cana que va apareciendo en el pelo…

Así que vive cada día de una manera única porque sólo cada uno es dueño de lo que hace, y si no la sabes aprovechar, que no te extrañe que un día te des cuenta de que no has sabido vivir.

"El fin de los tiempos" (Parte 1) de Natalia Inacio

El fin de los tiempos llegó, pero no era para nada lo que esperábamos. No ascendieron los cuatro jinetes del Apocalipsis del infierno, tampoco hubo un Cristo ni un Anticristo. Este fin del mundo, nos lo buscamos nosotros, con nuestra contaminación, nuestras guerras, nuestras cazas sin control... Antes de esto, yo decía totalmente segura de ello, que antes de que llegara el fin del mundo, la raza humana ya se habría extinguido, pues nos habríamos destruido los unos a los otros. Ahora, después de haber vivido el fin del mundo, he comprendido que el verdadero Apocalipsis, era la humanidad, todos los seres humanos, hemos destruido toda belleza y todo lo vivo con el fin de satisfacer no solo nuestras necesidades, sino también nuestros anhelos desde la primera vez que pusimos un pie en la tierra.
 Llegados a este punto, creo que es hora de que os cuente lo sucedido en los últimos tres años en los que llevo viviendo sola en una casa de leñador medio en ruinas, en medio de algún lugar en medio de la nada, con un refugio para tornados claramente desgastado, una despensa llena de comida, dos habitaciones un salón una cocina y un establo con un cercado alrededor.
Todo esto empezó un día cualquiera que se me quedaría marcado en la mente para el resto de mi vida, últimamente el clima estaba cambiando brutalmente junto con los desastres naturales, Tsunamis, Terremotos, Erupciones volcánicas… pero, aun así, la gente paseaba ignorante por los parques y calles de los pueblos y ciudades, sin ni siquiera pasárseles fugazmente por la mente la idea del terrible destino que les aguardaba. El principio del resto de mi vida empezó un 23 de febrero. Cuando todo esto empezó, estaba con mi amiga Belén en una piedra a las afueras del pueblo, que estaba mirando hacia la sierra cuando de repente empecé a oír un ruido amortiguado, como si fueran olas, allá por las montañas observé como el agua se escurría entre ellas, cada vez más y más cantidad, entramos corriendo en el pueblo y cogimos nuestras motos y nos pusimos en camino hacia mi casa, entonces encendimos la televisión y vimos como las noticias hablaban sobre Tsunamis que habían Inundado completamente todas las zonas de costa , había habido más de 2 millones de muertos y el agua seguía avanzando hacia el interior de los continentes, ya había desaparecido Oceanía, Japón, todas las islas y la mitad de cada continente, pronto se inundaría también la comunidad de Madrid y junto a ella Colmenar Viejo, no tuvimos más opción que coger todas las cosas imprescindibles, junto con comida y agua, todo esto es fácil de leer encima del papel pero te puedo asegurar de que es muy difícil renunciar a toda una vida allí m todos tus recuerdos y tus cosas, cogí unos libros y unas medicinas y ropa, listos para salir por la puerta, salto una noticia urgente en la televisión, los sunamis habían derivado las fuentes para sacar petróleo y la gasolina ya se estaba acabando, pues no tuvimos otra opción que ir a ver a uno de los ganaderos del pueblo y además amigo nuestro para que nos prestara o vendiera tres caballos, pues íbamos a emigrar hacia algún lugar sin riesgo de inundación, sin hacerse esperar trajo cuatro caballos, pues dijo que él nos acompañaría, sin embargo, nada mas haber pasado tres días de camino, nuestro acompañante enfermó gravemente y pues ninguna de mis medicinas le hacía efecto ni podía dormir, hasta que un día por fin durmió, pero no volvió a abrir los ojos, nos afectó gravemente su perdida, pero debíamos continuar con nuestro viaje si no queríamos acabar como el dejamos a su caballo suelto y a él le dimos una sepultura digna, después reemprendimos el viaje.

   A menos de un día de viaje encontramos un barco que nos llevaría al continente, pues las aguas habían convertido el continente en una isla… 

martes, 23 de mayo de 2017

"Atrapado" de Jaime Amores

Atrapado en mis pensamientos, con una parálisis parcial que impedía mover mi cuerpo con naturalidad, una luz tenue atravesaba como flecha el ventanuco de aquella habitación, incidía sobre mis ojos provocándome una ceguera particular. No era molesta lo cual me sorprendió gratamente. No podía ver… pero sentía como que conocía aquel entorno. Era húmedo pero muy caluroso. Podía distinguir distintos objetos o muebles, como, por ejemplo, una lámpara, bastante hortera, una alfombra, de un color llamativo, posiblemente rojo, un velador que sostenía aquella lámpara, un armario empotrado que era el doble de grande que yo, y, finalmente, la cama sobre la que estaba acostado. Era incómoda y tenía dos mantas que me asaban.
Seguía sin poder moverme, pero para más preocupación mía, comencé a escuchar pasos provenientes de la habitación más baja. Escuché cómo empezó a subir escaleras. Estaría a dos plantas de mí cuando se detuvo. Un silencio perturbador dejaba escuchar los “Chip Chip” de los pájaros y el crujido de la madera. Tras escuchar un portazo volví a escuchar cómo silbaba mientras subía las escaleras. Se detuvo, esta vez muy cerca de mí. Literalmente estaba tras la puerta. Una sobra escapaba debajo de la rendija que dejaba asomar la puerta. Giraba lentamente el pomo, sudaba y sudaba. Entró, no encendió la luz con lo que solo dejaba ver su gran aspecto. Medía unos dos metros, escapaba ver su pelo corto y su gran torso. Abandonó la sala, con un portazo, y llegó a mover las persianas que no vi anteriormente. Me asusté tanto que mi cuerpo se accionó. Pude mover mi cuerpo, no obstante, no me quería mover, pero ahora era por miedo. Le eché agallas y me levanté, sin embargo, no hice ningún ruido para que no me escuchase.
Me acerque al ventanuco, retirando aquellas persianas, e intenté descubrir de dónde procedía aquella luz. Venía de otra habitación. Escuché cómo subía corriendo, así que volví a mi cama, escodiéndome tras las sábanas como si fuesen impenetrables. Rápidamente, entró a la habitación, pero tras un momento pensé: “Si no he escuchado cómo abrió la puerta ¿Cómo entró?”. De repente, desapareció; sencillamente se esfumó.

Después de aquel momento, lo decidí: no me iba a quedar parado. Salí disparado atravesando la puerta; no sabía dónde estaba, pero bajé las escaleras. Dilema: “si hay siete puertas ¿cuál escoges?”. Si algo aprendí en la clase de matemáticas fue que tenía un 14% de acertar. Me lancé a una puerta, la abrí y vi lo que me habría pasado si me hubiese quedado. La cerré, y me fui a otra puerta. Di con un armario. No lo dudé. Me metí porque volví a escuchar cómo caminaba hacia mí…

sábado, 20 de mayo de 2017

"La gran búsqueda" de Claudia Impuesto

Lo primero que pensé cuando pisé tierra firme fue en la gran locura que estaba cometiendo. También pensé en que quizás la nota que había dejado en el comedor de casa esperando a que mi madre la encontrara, no había sido la mejor forma de despedirme de ella. Pero, la verdad, es que cuando di con lo que tanto había estado buscando, lo reconsideré y, sí., todo había merecido la pena. Encontré al tesoro que tanto ansiaba hallar; a mi abuelo.
No resultó tan fácil como cuentan las películas. Desde que llegué a esa isla, todo fueron obstáculos. Para empezar, cuando arribé me invadió una sensación de histeria. Llovía, era de noche y no alcanzaba ver más allá de mis narices. Decidí que no debía cundir el pánico, así que busqué un refugio y me prometí a mi misma que, una vez me despertará y tuviera las ideas más claras, me pondría en marcha. Ahora que estoy de nuevo en casa, suspiro aliviada, pero recuerdo esos días como el reto más grande al que me he enfrentado. Aun así, mi suerte cambió cuando, un día, mientras investigaba la isla, me topé con una aldea indígena. Al principio me costó comunicarme con ellos, pero, finalmente, optaron para darme cobijo y algo de comer. Un día se me ocurrió preguntarles por mi abuelo, un hombre entrado en años, con gafas y muy inteligente.
Para mi sorpresa, la respuesta fue positiva. También me contaron que, aunque no sabían la ubicación exacta, vivía en una cabaña cerca de unas enormes cascadas. Aproximadamente, cada tres meses visitaba la aldea, en busca de comida y, a cambio, contaba increíbles historias que él mismo había protagonizado a lo largo de su estancia en la isla. Me resultó tan emocionante oír hablar de él que casi inmediatamente salí en su búsqueda, a pesar de las advertencias de la gente del poblado acerca de los peligros de la selva. Después de dos semanas y media sin éxito alguno regresé abatida a la aldea. Entonces decidí que sería mejor esperarle allí, pues aparecía en un mes supuestamente. Y así fue. Con más arrugas y más canas que antes de desaparecer, pero, al fin y al cabo, mi abuelo.
Nos pusimos al día. Me confesó que puso rumbo a alguna isla desconocida cinco años antes con el único objetivo de descubrir algo más allá de la ciudad en que vivía.
Y, entonces, admitió que quizás ya era hora de volver a casa. Con la ayuda de la tan generosa población de la aldea construimos una barca muy resistente y, tras despedirnos, zarpamos. 
Cuando llegamos a España fuimos recibidos con alegría e incertidumbre por nuestra familia. Y entonces fui consciente de que no solo había encontrado el tesoro que estaba buscando, sino que, además, iba a poder disfrutar de él para el resto de su apasionante vida.

"Crece, pero sin querer crecer" de Lucía Gamboa


Hoy he llegado a la conclusión de que no quiero seguir creciendo y menos queriendo crecer. Vivimos nuestra infancia deseando llegar a la adolescencia y nuestra adolescencia deseando ser adultos. ¿Por qué? ¡Si luego te paras a ver a un niño y es el ser más feliz! Con sus muñecas y sus rodillas raspadas, su única preocupación es responder bien las preguntas de Mickey Mouse, bueno, y crecer.
Luego creces y sigues deseando ser mayor, porque ves que tus preocupaciones ahora van a más, y te tienes que preocupar por los estudios, los amigos, nuestros padres, y por ti mismo, y, mientras, te agobias en esta etapa de la vida, deseas pasar a la siguiente con la esperanza de que sea mejor, en vez de pararte a disfrutar el día a día lo que estás viviendo, y preocuparte para hacer un buen presente, para que en el futuro puedas presumir de pasado. PARA, y mira quién eres y quién quieres ser. No dentro de unos años, sino hoy, ¿quién quieres ser hoy? Yo quiero crecer como persona, que mi corazón y mi cerebro crezcan pero poder disfrutar y saborear cada instante de mi vida, y tener el tiempo para hacerlos perfectos, porque al final, quieras o no, creces, y cuando crezca, quiero mirar atrás y verme disfrutando de la vida, en vez de preocupándome porque  mi vida en el futuro sea sencilla.

sábado, 13 de mayo de 2017

"El aviso" de Natalia Inacio

Muerte, ¿extraño, no? Cómo una persona puede pasar de estar a no estar aquí en cuestión de una milésima de segundo, una milésima de segundo en la que tu vida cambia brutalmente para siempre. Tengo experiencia en eso y solo os voy a decir que nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde. Si creéis que después de una de estas experiencias vais a reaccionar, estáis muy equivocados, porque os volverá a pasar una y otra vez, pero seguirás sin escarmentar. No es una broma, pues valoramos más lo material que lo que es realmente importante. La Navidad es un buen ejemplo; los niños solo quieren que lleguen las navidades por los regalos de Papá Noel y de los Reyes Magos, en vez del nacimiento de Jesús. Es una época familiar, donde disfrutar con tu familia y amigos en vez de todos los juguetes, tarde o temprano nos arrepentiremos. Cuando los familiares que siempre han estado a nuestro lado se vayan, nos daremos cuenta de  todo el tiempo que hemos perdido por estar delante de una pantalla, tiempo que, si lo sumamos, seguramente saldrían meses o incluso años por los que después serías capaz de vender tu alma al diablo por estar aunque fuera un minuto más con ellos. Es un aviso, pero nunca olvides que el que avisa no es traidor.

"Haikus" de Alba Amelibia

Esa luz en tu reflejo
Esa mirada cautivadora
El vivo color
Esos ojos

Las olas
El mar
La playa
Un mundo eterno

Rosas blancas
Margaritas blancas
Las nubes blancas
Y el gran paraíso

Mi corazón
Mi pensamiento
Mi ilusión
Cosas diferentes pero en unión

Colores
Inmensos tipos de ellos
Dan vida

Dan alegría 

"No te rindas" de Alba Amelibia

Recuerdo ese día
Ese día 6 de Marzo
Las 9 : 00 de la mañana
El corazón me latía fuertemente
Y yo cada vez mas nerviosa
Me bloquee
Mi mente dejo de funcionar por un instante
No sabía que escribir ni que pensar
Solo quería hacerlo bien
Fraude tras fraude
No podía sentirme peor de lo que ya estaba
Estaba como en un agujero negro
Esa sensación de esconderte y no salir
Espero que todo vaya a mejor
Que esa sensación se me quite
Y que de una vez por todas
Le grite al mundo entero

YO PUEDO HACERLO

"Sola" de Alba Amelibia

Y aquí escribo yo
Llena de tristeza en mi habitación
No pude con tanto dolor tan profundo
Que habitaba en mi corazón

Sentía cada pulso
Cada latido
Cada momento vivido contigo

Sola ,
Simplemente sola
Nadie a mi lado
Nadie esperando

En el mar ola tras ola
Al lado de la playa
Y yo sola
Sola con las olas

Con mi tristeza
Con un mar lleno de lágrimas
Delicadeza y paciencia
Decía yo

Encontrar paz interior
Un espejo reflejando mis sentimientos
Lo que llevo dentro
Lo que siento

Y lo que llegaré a sentir por ti.