sábado, 16 de noviembre de 2019

"Cosas bonitas" de Lucía González


Las cosas bonitas de la vida suelen describirse como algo perfecto, frágil y complicado. Cuando verdaderamente son cosas sencillas, sin ataduras y gráciles.
Las cosas bonitas son como tú; como yo. Son bonitas por su forma, sencilla y al natural, que de complejas no tienen nada.
Las cosas bonitas son la primera mirada de una madre hacia su bebé recién nacido, las sonrisas cómplices de dos personas con ganas de amar y ser amados, y, ante todo, la cosa más bonita que he visto eres tú, lo sé, muy cliché, muy clásico, muy obvio que eras tú.
Pero, como no ibas a ser tú, si eres el que roba mis pensamientos y sonrisas, el que secuestra mi cordura y el que, ante todo y todos, amo con locura.
Con una locura que ni mil de los mejores psicólogos puede curar, y es que; cariño mío; uno de mis mejores defectos es que estoy loca de atar.
 Quién me manda a mí, ir y enamorarme de ti; haciendo caso omiso a todas las señales y alertas: “te va a dejar destrozada”, “te va a hacer ruinas”, pero a veces, para volver a armarnos y amarnos necesitamos nuestras ruinas.
Ven, explota, grita, destruye
Dime una y mil veces lo mucho que me quieres para después, olvidarme, dime que soy tu ahora y tu presente, pero no tu futuro. Ven, dímelo, no pares, al fin y al cabo, las cosas más bonitas de la vida son aquellas que siempre nos van a doler más.


"Hay una jaula" de Lucía González


Siempre ha estado, solo que quienes no se mueven no lo notan. Siempre he tenido fascinación por esa jaula, tan invisible como fuerte. Sin embargo, hay una generación que se ha cansado de ella, cansado de las ataduras, de las experiencias perdidas, de las vidas perdidas. Es una jaula que calla a los que quieren gritar, que encierra a los que quieren libertad, que mata a los que intentan escapar.
Debe haber una forma de romperla, pero nadie lo ha averiguado. Nadie ha averiguado nada. Nadie se plantea el porqué de la existencia esa jaula.
Dentro de esa jaula está lo que las películas de Hollywood nos venden: los príncipes azules que te vienen a salvar, las princesas sumisas a la espera de ellos. Eso es de lo que todo el mundo habla, nadie habla de esta generación, donde las princesas cogen arcos, flechas y espadas y matan a sus dragones. Donde ya no hay madrastas que te matan para ser la más guapa. Donde los príncipes ya no tienen a quien salvar, y les parece bien, les parece bien ver como esas indefensas muchachas se convierten en grandes guerreras, en grandes reinas.
Todo cambia, pero allí sigue la jaula, intacta, inamovible. Es como si todas las luchas libradas y por librar no sirvieran de nada. Como si todos los gritos de aquellos que buscan la justicia, incansables, a pesar de todas las veces que han sido callados, es como si de nada sirviese. De nada sirven los lloros, los gritos de dolor de aquellos que han perdido o de aquellos que perderán. Como si todos los valientes que se han enfrentado a ELLA, la dueña de todos, de nuestros miedos, de nuestros defectos, de nuestras inseguridades. Esa jaula que es tan verdadera como invisible. Como si todos sus adversarios, los que han salido victoriosos y los que no, es como si no existieran. Escondidos de todos, intentando que nos demos cuenta. De que nos demos cuenta de que ya es hora de quitarnos la venda de ojos y boca los unos a los otros, de que ya es hora de levantarnos y luchar contra aquello que nos retiene aquí dentro.  Hora de utilizar aquello de lo que ELLA es dueña en su contra. Hora de darnos cuenta de que nuestros defectos son nuestras mejores armas.

"Cansados" de Lucía González


Llega un día en el que simplemente ya no esperas ese mensaje, esa llamada o esa sonrisa que se dibujaba al ver aquella notificación. Esa esperanza de que se iba a acordar se va, como las pequeñas conchas en la orilla arrastradas al fondo por las incansables olas y no duele. No lo hace porque no es una sensación forzada, simplemente se esfuma esa pequeña esperanza de que volverán esas palabras que tu leías como poesía y para él eran simple garabatos.
Vil mentiroso, creador de mis más bellas y tiernas fantasías del que pensé creador de mi gran quizás, aquel que removería cielo y tierra por ver una pequeña sonrisa. Llegué a perdonar las más burdas mentiras y engaños con la firme convicción de un pobre enamorado y es que los puñales más dolorosos son los recibidos por aquel del que nunca pensaste que te podría hacer daño y es que, he ahí nuestro gran fallo.
Cuando eres capaz de volcar parte de tu alma en otra persona, de sentir que sois el uno para el otro, cuando de verdad te permites confiar, es ahí cuando tus sentimientos y decisiones enamoradizas se vuelven en tu contra para demostrarte la cruda realidad; por muchos recuerdos y sentimientos que haya encontrados, por mucho que hayas volcado tu alma y corazón en aquello que no sé si se puede denominar amor.
Las personas nos cansamos, antes o después siempre hay una fecha de caducidad. Nos cansamos de una realidad que sabemos que no es verdadera, pero lo intentamos, al menos la mayoría, intentamos seguir con el paripé de los enamorados felices al que todo el mundo aspira a llegar. Para luego acabar con un corazón roto y mil lágrimas en los ojos.

Rómpele el corazón a un escritor y hará de ti su mejor novela, imagina si me lo has roto que; querido mío, eres mi obra maestra.

viernes, 7 de junio de 2019

"Regreso al futuro IV" de Rodrigo Sallent


“Marty corre que vienen los libios a por el plutonio, súbete al coche”
“¿Qué fecha y qué coordenadas pongo Doc?, ¿A dónde iremos esta vez?”
“Da igual, pero pon unas rápidas, que nos van a matar”
Marty metió en ordenador la fecha 31 de diciembre de 1984, y las coordenadas 40º24´52´´N 3º42´35´´O, lugar donde se encuentra la capital de España. Y aparecieron allí.
Se encontraron frente a una basílica, Era la basílica de San Miguel. Al salir del coche para investigar donde habían llegado, comprobaron el estado del coche. Un hombre con gabardina y sombrero oscuro les arrebató las llaves, y les dejó una carta y se escabullo entre los pasillos de la basílica. La carta dice:   
“Si me dais el cáliz de Justo y Pastor, os devolveré las llaves, tendréis un plazo de 15 días”.
Lo primero que hicieron los viajeros del tiempo fue ir a un bar de la zona, y tras pedir una taza de chocolate caliente, para hablar de lo sucedido, estuvieron discutiendo por varias horas, hasta que se pusieron de acuerdo y decidieron aceptar el reto que se les había puesto de por medio. Lo primero que hicieron fue entrar en la basílica, encontraron a un cura que les dijo, “Lo único que sé sobre esta basílica es que fue nombrada Monumento Histórico Artístico Nacional el 28 de noviembre de 1984”. Tras esto los amigos fueron a la biblioteca de Cultura de Madrid para informarse mejor sobre el pasado de la basílica y los misteriosos Justo y Pastor.
Tras andar un par de kilómetros se toparon con la biblioteca, entraron, preguntaron a la bibliotecaria donde podían encontrar información sobre basílicas de Madrid, esta en un tono casi inaudible les dijo “Pasillo tres sesiones doscientos sesenta y seis” tras esto, fueron al pasillo corriendo para buscar el libro. Estuvieron más de quince minutos buscándolo. Al encontrarlo Doc dijo “¡Eureka!”, lo que habían encontrado era que la basílica fue confiada al Opus Dei, en 1960. Y se preguntaron “Y ahora que hacemos”. Marty propuso ir a la sede del Opus Dei para preguntar al responsable.
Cuando llegaron, preguntaron por el responsable. Les dirigieron hasta el, encontrándose con Juan Pablo II. Le preguntaron sobre el origen de la basílica y el Papa les contó que en 1892 la basílica se entregó a la Nunciatura apostólica y, tras ser entregada a la nunciatura, ésta pasó a ser una basílica pontificada. Tras contarles esto les mando a la Biblioteca pontificada por si querían encontrar más información sobre la basílica.
Por el camino se pararon en un bar llamado La Ardosa, que era un bar muy famoso de la zona, tras entrar y pedir un tentempié, recapitularon sobre todo lo que habían descubierto hasta ahora. Tras un rato de descanso prosiguieron su investigación.
Al llegar a la biblioteca se pusieron a buscar libros sobre la historia de la basílica. Tras un buen rato encontraron un libro y, tras leerlo y releerlo, sacaron la conclusión, que, en el reinado de José Bonaparte, la iglesia añadió una nueva advocación, ya que hasta ahora solo tenía la de San Justo y San Pastor, y este nuevo santo era San Miguel. Tras este suceso Doc y Marty por fin consiguieron enlazar la basílica de San Miguel con los Santos Justo y Pastor. Además, aparte del hecho de enlazar a los santos, también encontraron que en 1739 se iniciaron las obras de la construcción de la basílica, que fue ordenada construir por el cardenal infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio, que era el arzobispo de Toledo, y que costó la descabellada cantidad de 1.421.000 reales, que en la actualidad son como unos nueve millones de euros. Tras seis años de construcción ésta fue concluida. Tras esto, buscaron otro libro para aclarar las ideas sobre la basílica. Descubrieron que el estilo de la construcción tiene una gran influencia italiana. Y que ahora ocupa el lugar donde se encontraba el antiguo templo de los Santos Justo y Pastor, que eran unos mártires cristianos quienes, según cuenta la tradición, se enterraron en una catacumba debajo de la iglesia, pero jamás fue encontrada la entrada a esa catacumba.
Este templo, a pesar de sus pequeñas dimensiones, se trata de una de las construcciones arquitectónicas más importantes de esa época, por la singular forma convexa de su fachada y su original estilo de la planta, poco habitual en ese momento y en esa época.
Tras haberse informado bien de todo, decidieron ir a una posada para idear el plan. Tras un rato de discusiones para ver cual era el mejor plan, al fin llegaron al mejor, el formado con ideas de los dos. El plan era, que mientras Doc distrae al cura, Marty buscaría la entrada a las catacumbas perdidas, después de eso por la noche se colarían en la iglesia y entrarían en la catacumba y buscarían entre los dos el cáliz de los dos santos.
Tras haber dormido una larga noche, llevaron a cabo su plan. Doc llamo al cura para hacerle unas preguntas, mientras Doc hacía las preguntas, Marty buscó por todos lados, debajo del altar, detrás del sagrario, debajo de todas las baldosas, en la sacristía… pero no encontró nada. Tras este suceso volvieron al hostal para prepararse para entrar en la basílica, pero por el camino Marty le dijo a Doc que no había encontrado nada, Doc se enfadó con él, pero pasado el rato decidido entrar, aun sabiendo que no sabían donde se encontraba la entrada. Tras un par de horas llegaron a la basílica, saltaron la verja, y a medio camino entre el cementerio y la entrada a la basílica Marty se fijó en dos lapidas apartadas del resto. En las inscripciones ponía que una era de un Pastor y la otra era de un cura llamado Justo.
 Tras esto Marty se lo dijo a Doc, quien se sobre saltó diciendo “Marty eres un genio”. Tras esto se dirigió corriendo hacia las lápidas, y entre ellas empezó a cavar, Doc dijo a Marty “Bueno, que, me ayudas un poco”. A unos pocos centímetros de la superficie encontraron una gran losa de piedra, con una inscripción que decía “aquí yacen los cuerpos de los mártires San Justo y San Pastor. Después de pensar como levantarían la gran losa, que debería pesar una tonelada, Doc se decidió en usar una palanca y, tras calcular todo, llevar a cabo el levantamiento de la gran losa. Entraron en la catacumba. Era una sensación de humedad, hacía frio, olía a un conjunto de ungüentos que Marty supuso que los utilizaron para embalsamar a los cadáveres, había incontables telarañas. Bajaron una escalera muy empinada, con los escalones muy anchos, a medida que descendían la escalera el olor a ungüentos era mucho más fuerte, casi hasta el punto de ser insoportable. Tras llegar al final se encontraron con una puerta de madera bien conservada y a los lados de ésta se encontraban dos antorchas. Doc tomó una y, tras encender su mechero, la prendió iluminando las paredes llenas de decoraciones, sobre las vidas de estos santos, tapadas por el polvo de todos los años que habían pasado. En la puerta había una frase que decía “SI POR AQUÍ QUEREIS PASAR, AL INICIO DEBES DE LLEGAR”.
Marty dijo “Doc que significa esto”, a lo que Doc le respondió” No lo ves Marty, es un evidente acertijo, tenemos que buscar algo”. Tras un buen rato de búsqueda Doc le dijo a Marty “Has averiguado algo”, Marty negó con la cabeza, tras un largo silencio Doc salto, “¡Eureka!, ya lo tengo”.
“Jolín, Doc que susto me has dado, ¿qué pasa?”.
“Ya lo tengo, ha estado todo el rato delante de nuestras narices, presiona la parte del nacimiento del pastor, mientras yo presiono la del cura”. La puerta se abrió muy lentamente, dejando ver todos los tesoros que se encontraban en le otro lado de la puerta, “Bien Doc, eres un genio”.
Tras esto, los dos amigos entraron en sala, examinaron cada detalle quedando asombrados al ver la decoración. Después de la celebración de haber conseguido entrar, se dirigieron al centro donde se encontraban dos tumbas cubiertas por losas de piedra decoradas con inscripciones y piedras preciosas. Tras quedarse un momento atónitos, decidieron abrir las tumbas, encontraron los cuerpos de los santos momificados y cubiertos por ropajes muy antiguos.
Pasaron dos horas hasta que encontraron el cáliz, éste se encontraba a los pies del pastor. En él podíamos encontrar una sustancia que podía recordar al vino por su olor, solo que al haber estado expuesto al paso del tiempo se había podrido. De repente Doc dijo “Marty corre, coge el cáliz y sal corriendo, mira que hora es, ya va a amanecer”. Cogieron el cáliz y salieron corriendo de la tumba, aunque antes de salir, Doc pilló a Marty cogiendo una moneda del suelo y le dijo “Marty ¿qué haces?”, “Sólo estaba cogiendo un recuerdo de esta aventura”, Doc le volvió a decir “Recuerda que lo que hagas ahora, puede cambiar todo el futuro que conoces”. Marty miró la moneda por última vez y la tiró detrás de la puerta antes de que se cerrase. Subieron las escaleras corriendo para que nadie les pillase saliendo de ahí al amanecer. Taparon el hueco, para que nadie les descubriese. Llegaron al hostal, se tumbaron en la cama y descansaron de la larga noche que habían pasado.
Pasados los quince días, los días establecidos por aquel misterioso hombre en la carta que les dio, fueron al sito establecido para hacer el intercambio: las llaves del Delorean por el cáliz de los santos.
 Tras llegar al sitio se sentaron y esperaron a que el hombre llegase. Al llegar el hombre les parecía un poco familiar, hablaron un rato hasta que Marty gritó “Eres tú sucio embustero ¡ Biff Tannen!”
“¿Como me has descubierto pequeño mocoso?”. Marty dijo “Lo sabía desde el principio, ¿quién si no sabría donde apareceríamos?, corre Doc llama a la policía del tiempo”. “Primero me tendréis que pillar” dijo Biff. Después echó a correr y Marty le siguió, mientras Doc llamaba a la policía del tiempo. Marty siguió a Biff por toda la ciudad hasta que se toparon con Doc, que cogió las llaves del Delorean, tras ser olvidadas por Biff en la mesa donde se habían hecho el intercambio, salió del coche y soltó a Einstein, el perro de Doc. Einstein corrió hacia Biff y le mordió en la pantorrilla, haciendo que no pudiese correr.
Esperaron hasta que la policía llegase y entregaron a Biff a las autoridades. Después de esto Doc, Marty y Einstein se subieron al Delorean, dispuestos a volver a casa.
En este viaje Doc le confesó a Marty que había viajado al futuro para coger a Einstein, y se quedó descansando en casa durante una semana.
Cuando llegaron a casa, el presente, se dieron cuenta que todo había vuelto a la normalidad.
Marty dijo “Bueno Doc, este es el fin de otra aventura”, a lo que Doc le responde “El fin de una, pero el inicio de muchas más”.



To be continued…

"La Plaza Mayor"


Hace 420 años un chico llamado Juan y de apellido Herrera vivía en un pequeño pueblo cerca de la ciudad de Madrid , en una granja con su padre Pablo , ya que su madre Luisa murió cuando su hijo Juan tenía siete años , Luisa murió de una fuerte caída mientras caminada de noche a través de un campo lleno de piedras y con barro resbaladizo , Luisa volvía de ir a la ciudad a comprar y cuando vio en el campo una sombra de un niño que le pedía ayuda fue a ayudarle y cuando fue a tocar al niño para ver qué le pasaba la sombra del niño desapareció y Luisa se resbaló con un charco lleno de barro que no vio y cayó por un acantilado y se desnucó contra unas piedras .Después de 10 años Juan y su padre siguen sin superar aquella terrible tragedia , y todos los findes de semana Iban al cementerio a visitarla . Lo bueno de todo esto es que Juan tiene a su mejor amigo Juan de Gómez que siempre que le entran momentos de depresión el siempre está ahí para apoyarlo , los padres de Juan Gómez son ricos y viven los tres en la cuidad de Madrid , los padres de Juan Gómez todos los meses les dan dinero a Juan y a su padre para pode mantener la granja ya que tienen muchos animales y cultivos y no es que ganen mucho dinero . Todas las mañanas cuando Juan acababa de trabajar hechando una mano a su padre se iba con su amigo Juan Gómez a escuchar una charlas de arquitectura ya que a los dos les encantaría ser arquitectos , Juan como nunca a tenido una casa muy grande ni ha podido tener una casa grande ni ha podido contemplar muchos edificios siempre estaban hablando Juan Gómez y Juan de que les gustaría crear nuevos lugares en los que la gente contemplara y pudiesen divertirse o hacer lo que quieran , el plan de Juan y de Juan Gómez desde que tenían quien e años era crear una plaza grande en la cuidad de madrid ,los padres de Juan Gómez apoyaron la idea y cuando ellos dos cumplieron 33 años los padres de Juan Gómez pagaron todo lo que necesitarían para construirla . El padre de Juan Gómez estaba enfermo y al pasar por un campo para ir a cenar con los padres de Juan Gómez a un restaurante lujosos que le invitarían los padres de Juan Gómez escuchó unos gritos de señora no muy mayor y fue a ver que pasaba , al ver un collar que le regaló a su mujer rompió a llorar y un señor encapuchado por detrás le cortó la cabeza , al día siguiente los padres de Juan Gómez preocupados de que el padre de Juan no fue a la cena decidieron ir en su busca , tras tropezar con un charco de sangre junto a un árbol viejo el cuerpo y la cabeza del padre de Juan Herrera , tras darle la noticia a Juan Herrera rompió a llorar y quiso hacer el deseo de su padre realidad hacer un sitio donde se juntase la gente y disfrutara , Juan Herrera y Juan Gómez comenzaron a construir la gran plaza Mayor en el descampado en el que murió su padre para recordarlo siempre que pasar por allí . Tras acabar de construir la plaza mayor unos años después la gente empezó a murmurar de que a partir de las doce de la noche en la plaza se escuchaban gritos de una mujer y la cabeza rodando del padre se decía que si lo escuchabas tú también eso es que ibas a morir pronto.

lunes, 13 de mayo de 2019

"Desde el corazón" de Sara Santana


Como una sentencia de muerte,el chasquido de la puerta cerrándose tras ella lo dijo todo; ya no había vuelta atrás.
Laura se sentó sobre la camilla y miró a su padre en silencio esperando sus órdenes,no sin percatarse de la cámara en la esquina de la habitación que grababa la sesión.
-Laura Miller,sujeto número 62,diecisiete años de edad,lo que te convierte en la persona más joven en entregarse a los efectos de este hallazgo científico-su padre habló sin mirarla mientras preparaba la aguja con el suero.-En breves instante el sujeto número 62 será invadido por los efectos del suero.El sujeto quedará inconsciente durante el tiempo que sea necesario para que el proceso se desarrolle correctamente-
El Doctor Miller alzó la aguja que contenía el suero,mostrándosela a la cámara. Laura se tumbó en le camilla y miró al techo esperando el momento que temía y a la vez añoraba.
-Una vez bajo los efectos del suero,el sujeto experimentará ilusiones,las cuales mostrarán los más ansiados deseos de su corazón,puede conllevar efectos secundarios,los cuales varían depende de la personalidad del sujeto-el Doctor Miller apartó unos mechones negros del cuello de su hija e inyecto el líquido sumiendo a Laura en  un profundo sueño.
Lo primero que Laura Miller vió cuando abrió los ojos fue oscuridad.Se encontraba de pie en mitad de la nada,hasta que la primera ilusión apareció.
Un espejo flotaba delante de ella,desprendiendo una suave luz azulada que le daba al rostro de la joven un aura fantasmal. Laura dio un paso hacia el espejo y entonces cuando vió lo que reflejaba comprendió su significado.Allí estaba ella,feliz,sonriendo de verdad,sin preocupaciones.Los ojos de Laura se llenaron de lagrimas y el espejo se desvaneció,dejando paso a otra ilusión.
Cuando las figuras de dos personas aparecieron delante de la joven, Laura sintió  su corazón hacerse pedazos.
-¿Joshua...?-musitó la chica con la voz rota observando a su hermano.
-¿Mamá?-habló la chica mirando la una mujer pelirroja que estaba al lado del chico.
Ambos habían muerto años atrás,su madre por leucemia y su hermano como víctima de un accidente de tráfico y ahí estaban devolviéndola la mirada.Su madre era una mujer fuerte,verla en sus últimos momentos sin energía para nada más la destruyó.Su hermano,con el pelo negro y los ojos grises,era su alma gemela,desde su muerte,la imagen de su rostro lleno de heridas aún la acosaba durante las noches.Parecían tan reales que a Laura le dolía pensar en que desaparecerían cuando el tiempo se agotase.
Después de unos segundos, las figuras comenzaron a desaparecer.
-¡NO!- la chica corrió hacia las dos figuras y alargó el brazo alcanzando la mano de su hermano justo antes de que la oscuridad invadiera el lugar,y también su corazón.


"Poem" de Sara Santana


Sometimes I hear voices,
 Screaming inside my head,
Telling me not to listen,
To those who are asking for help,
But what if one of those hurting souls is mine,
Trying not to drown,
In this sea that is my life.
W.W.


"Un sufrimiento que aún disfrutáis" de Ángela Amelibia


No consigo recapitular la despedida con mi madre, me separaron de ella poco después de nacer. Mientras me asenté varias semanas en una jaula con un tamaño reducido al mío.
Ya adulta, un día desperté aturdida en un pequeño cuarto gris, con una sola puerta y manchas de sangre por todas las paredes y el suelo. Al intentar moverme siento un fuerte dolor en las costillas, esta amoratado. A mi derecha en la arrinconada esquina vi a un compañero tumbado en el frío suelo y rodeado de un charco denso y rojo. Me acerqué como puede y vi que tenía una larga y profunda raja entorno al cuello. Después, me levanté e intenté salir de ahí, pero la puerta estaba cerrada. Minutos después, se escucharon pasos acercándose rápidamente y el chirrido espantoso del pomo de la puerta mientras pivotaba a la izquierda. Accedió al interior del cuarto y no hizo nada por mi compañero solo miro con mala cara y me agarró. Luego me ató y tiró de mí, me resistía sabía que no me esperaba nada bueno tras la puerta, y llena de agobio y ansiedad me disparo en la frente con una sustancia que me mareo, pero no lo suficiente, era como si quisiera verme sufrir solo con mirarme. Me desplazó a través de un corredor con barras frías de metal a los lados y en el cual al final me engancharon del pie y me colgaron boca a bajo como si fuera un saco. La máquina que sostenía el gancho provocó el movimiento que me transportó a otra sala con un olor muy fuerte a muerte y encharcada de sangre. Aun consciente se acercó a mi con una sonrisa en la cara y comenzó a cortarme las patas. Me desangraba y hacía ruidos de dolor, pero nada, la maquina seguía moviéndose.
Aun viva resigno de dolor y con los ojos entreabiertos y con mi ultimo aliento, vi como una larga y afilada hoja de hierro pasó atravesando mi cuello. Pero todos preferimos estar muertos antes q pasar por esto.


domingo, 5 de mayo de 2019

"A través del tiempo" de Alex Díaz


Me levanto y me miro al espejo. Una pequeña cicatriz adorna mi frente transmitiéndome al mismo tiempo infinidad de sentimientos. Me recuerda que tengo que luchar para cumplir un objetivo especial. “Salvar miles de vidas”.
Todo comenzó una mañana. Soy espía y me habían encomendado una tarea muy importante: revisar un laboratorio desconocido y las pruebas que en él se estaban realizando.
Esa mañana me tocaba entrar. Abrí la puerta de la entrada trasera y, tras cruzar una serie de pasillos, encontré justo lo que estaba buscando.
Exactamente en el centro de una sala cuadrada había una especie de cápsula rodeada de muchísimos cables, donde podía caber una persona. Me acerqué, deseoso de averiguar lo que era y estuve a punto de gritar de la ilusión.
Acababa de descubrir que en un laboratorio no muy grande y desconocido, estaban inventando una máquina del tiempo. No había nadie, ni siquiera cámaras de seguridad. Decidí entrar en el ordenador del mismo y buscar todos los archivos que estuviesen relacionados con la máquina. Llegué a la conclusión de que todavía no funcionaba. Volví a acercarme al maravilloso invento y me introduje solamente para comprobar si de verdad cabía en ella.
En ese momento sucedió algo que para nada esperaba. La máquina se encendió. Empecé a gritar, pero nadie acudió en mi ayuda. Todo comenzó a brillar y a temblar con mucha intensidad, lo que me obligó a cerrar los ojos y cuando los abrí, me sangraba la frente y vi que había aparecido en una ciudad que se asemejaba  a Nueva york, pero mucho más moderna.
Había proyecciones en el  cielo por todos lados que enseñaban unas escenas horribles. La gente se congregaba entristecida alrededor de las pantallas. Tardé unos minutos en descubrir que se trataba de un homenaje. Me concentré un poco más en escuchar la voz de la proyección y descubrí que hablaba de una guerra en el 2096. Un enfrentamiento de pobres contra ricos, que terminaría con el lanzamiento de múltiples bombas atómicas. Finalmente habló de la destrucción total de tres cuartas partes del planeta.
En ese momento comprendí todo. Había viajado al futuro y estaban homenajeando a todas las personas que habían muerto en la Tercera Guerra Mundial. Las gotas de sangre continuaban cayéndome por la frente y decidí irme de allí cuanto antes. Me dirigí hacia la máquina del tiempo, que había viajado conmigo y conseguí apañármelas para teclear la fecha a la que quería regresar. Por segunda vez, comenzó a temblar y a brillar con la misma intensidad. Al abrir los ojos estaba de vuelta al laboratorio, que continuaba vacío.
Avancé través de los pasillos y llegué a la puerta trasera. Me metí en el coche para conducir directo hacia mi casa. Una vez allí me dispuse a curarme la herida que tenía en la frente. La desinfecté, pero era profunda y me dejó una cicatriz, que recordaría durante toda mi vida y que me daría una causa por la que luchar: Salvar al mundo de la III Guerra Mundial.

martes, 30 de abril de 2019

"La sombra" de Giorgio Venturini


Julián era una persona vivaracha, de tez morena y de facciones afiladas, siempre me había parecido un elfo con esas orejas alargadas. Él era quien me mantenía vivo, pero él no se daba cuenta de que existía, ni siquiera de lo tanto que lo quería. Cuando la luz se desvanecía, en colores cálidos y vívidos, dejaba de existir, me iba con la luz a un lugar del que no volvía hasta que amanecía.

Hasta que un día…

Aparecí a su lado, pero no estaba en casa, sino en el coche, tosiendo y encogido de dolor, su madre iba conduciendo frenéticamente con la cara llena de angustia. Su padre, en cambio, iba atrás con Julián, con su cabeza apoyada en su regazo hablándole con cariño y cuidándole.

La luz del quirófano iluminaba el cuerpo dormido de Julián, los cirujanos y las enfermeras estaban operándole de urgencia con rapidez y soltura. - Todo va a salir bien – pensé con el corazón encogido de tristeza deseando poder abrazarlo.

Estuvo tres semanas en el hospital, varias enfermeras venían cada día a atender sus necesidades, pero había una en particular que se notaba que a Julián le hacía feliz. Siempre que venía, depende del tiempo que tenía, le contaba un chiste o una historia, cuando terminaba, la cara de Julián se colmaba con una sonrisa preciosa rematada con unos ojos azul cielo. Él, cuando se aburría, miraba por la ventana, deseando volver a salir afuera una vez más, deseando tocar la hierba recién regada con sus pies descalzos, deseando volver a ver a sus amigos ya que ninguno de ellos había venido a visitarlo. Un día, sus latidos empezaron a bajar de frecuencia estrepitosamente, su respiración se volvió más ronca y más lenta. Julián lloraba torpemente, su llanto se interrumpía con dolorosos tosidos, los cuales hacían que llorara con más fuerza debido a la sensación de ahogo. Pulsaba el botón como un loco gritando como podía para llamar a las enfermeras. Dos de ellas entraron en la sala con oxígeno para llevárselo al quirófano, dónde volvería a ser operado a corazón abierto.

Los médicos se alejaron de la camilla con caras tristes y agotadas tras nueve horas de operación. Una sonrisa tímida debida a la anestesia se asomaba en la pálida cara de Julián, - ni siquiera en los peores momentos se le borraba la sonrisa – pensé con melancolía. Y yo me volvía más y más transparente, hasta que oí un pitido constante, y sin más, desaparecí.

A partir de ahora su sombra le acompañaría para siempre.

miércoles, 24 de abril de 2019

"Querida yo del futuro" de Alejanda García


Querida yo del futuro, me encantaría que cuando llegase tu momento de vivir la vida, pudieses leer esto o tan sólo recordarlo. Cuando llegue tu momento espero que elijas bien a las personas que te rodean porque todas ellas estarán en las situaciones buenas, pero cuando te quieras dar cuenta y estés en un momento malo, la mayoría de esas personas habrán desaparecido.
También me gustaría que supieses que el tiempo vuela y que no estamos aquí para desperdiciarlo, con esto quiero decirte que aproveches todos los momentos al máximo, vivas el presente, dejes atrás el pasado y no pienses en qué harás en un futuro. Aprovecha todas las oportunidades que vengan y exprímelas todo lo que puedas porque todo pasa por algo y al final todo se acaba.
Haz lo que a ti realmente te haga feliz, no hagas las cosas porque los demás te lo digan, hazlo por ti misma. Dedícate tiempo y piensa en ti, preocúpate más por ti misma que por el resto de personas. Quiérete porque nadie te va a querer o dar el tiempo que necesitas, salvo tu misma.
Asume que va a haber seres queridos que en algún momento de tu vida se van a ir y no podrás evitarlo. Las personas se van por una causa o por otra pero las que se van definitivamente…duele, asi que por esto tienes que pasar tiempo con la familia y amigos porque en algún momento se tendrán que ir. Aprende a pasar página aunque cueste porque como te he dicho antes, el tiempo vuela.
Este texto puede estar dirigido a mi yo del futuro de dentro de quince años o tan solo para mi yo de mañana por la tarde. Aprenderás a decir un simple adiós a personas que no te mereces y que necesitas alejarte de ellas, pero de vez en cuando ese adiós no será simple, será complicado, ya que lo mismo a esas personas no las volverás a decir ni un simple hola.
Querida yo del futuro, nunca pierdas la sonrisa, ponte objetivos y trata de cumplirlos. Por último quiero decirte que ojalá esto te sirva, que esto es para ti.
Hasta pronto.

"La plaza" de Lucía Espinosa


El suelo de la plaza estaba lleno de cadáveres. John los veía, pero una fuerza extraña le anclaba al suelo y no le permitía moverse. A su alrededor solo podía ver cadáveres, calculó que se encontraba más o menos en el lugar donde debería estar el árbol de la plaza, pero no lo vio por ninguna parte.  Sus ojos fueron yendo de cadáver en cadáver pasando por los de su mujer, su hermano mayor y su hermanita. Un ser se empezó a acercar a los cadáveres. Tenía unas uñas del tamaño de una katana y parecían igual de afiladas. Su sonrisa iba de oreja a oreja y sus ojos eran negros como el carbón. Lo único que parecía humano en él, era su pelo castaño y  la camiseta y pantalones que vestía. Mientras contemplaba  los cadáveres,  el hermano pequeño de John, Steve, se acercó al ser con lo que parecía un trozo de cristal en la mano. Los ojos del ser se dirigieron hacia el niño pero no se movió. John quería advertirle a su hermanito que se alejara, pero su boca no podía moverse. Steve empezó a gritarle al monstruo con los ojos llenos de lágrimas.
 - ¡John!, ¡John! - dijo el pequeño.
- Estoy aquí, contigo, lo siento- pensó John.
El niño le lanzó aquel cristal a la cara, consiguiendo abrirle una brecha que le atravesaba el ojo derecho, pocos segundos antes de que el ser le cortase el cuello con sus garras.
John quería llorar pero las lágrimas no brotaban, todo lo que más quería del mundo estaba destruido. De repente, el ser se giró hacia John, comenzó a andar hacia él y con un zarpazo cortó a John a la altura del ombligo pero, sorprendentemente, no le dolió. Antes de  que su cuerpo tocase el suelo, oyó las palabras del ser diciendo:
– No podrás escapar de mí.
Después se oyó el ruido de unas ramas romperse y todo se volvió negro.
A la mañana siguiente John se despertó en casa, empapado en  sudor y la cara manchada  de sangre,  supuso que le había sangrado la nariz por el estrés de aquella pesadilla, se levantó corriendo y se dirigió a la plaza donde sucedió todo, aún con el pijama puesto. Al llegar John vió un montó de cadáveres ensangrentados  y se dio cuenta que lo que había presenciado aquella noche no fue una pesadilla. Allí se encontraba el árbol que no vio aquella noche pero esta vez estaba talado irregularmente. El resto del pueblo empezó a salir de sus casas y al llegar a la plaza los gritos y llantos se intensificaron. John fue corriendo a recoger a una señora mayor que acababa de desmayarse.
- ¿Qué te pasa en la cara?- dijo la señora cuando despertó.
Asustado, John fue corriendo a su casa y se miró en el espejo y lo primero que vio fueron sus manos llenas de sangre, al igual que su camiseta y  su cara con una cicatriz que le atravesaba el ojo derecho.

"47" de Alba Amelibia

Empiezo a leer las cartas que me dejaste aquel 28 de febrero.
 Un día enmarcable en mi vida.
 Cartas y una rosa Blanca
 47 cartas encima de mi cama, 47 silencios.
 Esperé tanto
 que mi reloj no marcaba la hora exacta
 ni los minutos ni los segundos fueron contados.
 Tan solo esperé y esperé para solo 47 cartas y ninguna presencia.
 Nadie estaba allí.
 Estaba yo sola entre todas esas cartas sin nadie que las leyera por mí.
Leí sin hablar, mi corazón quería que fuese así y así fue.
 Terminé de leer aquellas.
 Aquellas que prometían amor eterno.
 Que creían en los te quieros y en los hasta siempre.
 En blanco como la rosa que iba acompañada de esas cartas.
 Y seguía sin decir ni una sola palabra.
 Tan solo calleron gotas de mis lagrimosas pupilas.
 Llovía fuerte en la habitación.
 Un mar de lágrimas un océano de mentiras.
 Un sin fin de emociones.

"Porque es así" de Alba Amelibia

Porque es así
 lo digo desde un principio 
no es solo porque sí
 es porque es así
 así de verdad
 no de cuento
 te lo digo de nuevo
 que todo es porque es así
 y el amor vence a todo
 a cada adversidad
 no hay respuesta ninguna
 el amor es eso
 porque es como tiene que ser
 porque es así
 porque tiene que ser así
 no hay otra manera
 no hay una igualdad al amor
 el amor es el mayor valor que existe
 por ser como es porque es así
 así de bonito y eterno
 voces dirán que hay siempre algún que otro desamor
 eso se provoca por el propio amor porque es así
 no podemos combatir contra él
 porque siempre saldrá ganando
 porque el amor es así y seguirá siendo así
 por el resto de eternidades. 

miércoles, 10 de abril de 2019

"Solos" de Jaime Gala


Marruecos. Todo empezó allí, en la región de Nador. Las mafias, el hambre y el peligro constante  eran simplemente devastadores , no había nada que se pudiera hacer salvo huir, pero ¿jugártela por irte a otro país en el que te rechazaran? Ni de broma pensábamos mi familia y yo, hasta que la mafia nos encontró.
Era un día más o menos tranquilo, mis padres y mi prima Amira y yo, estábamos en casa relajadamente. Ese día habíamos conseguido algo de comida para cenar, cuando oímos gritos en la casa de los vecinos pidiendo ayuda. Inmediatamente mis padres nos llevaron al jardín y nos dijeron que huyéramos, pero esperamos escondidos. Se hizo de noche y seguían sin venir .Y entonces les vi, estaban esposados por unos hombres enmascarados con armas de fuego que les apuntaban a ellos y a mis vecinos. Solo que faltaba la señora Janaan.
 Los mafiosos registraron nuestra casa buscando algo, a nosotros seguramente, sin éxito, por suerte. Entablaron una rápida conversación en otro idioma y empezaron a quemar mi casa y la de mis vecinos. Cuando se estaban marchando, mi padre miro hacia atrás, seguramente mirando nuestra casa por última vez, ese lugar al que hasta hace poco llamaba hogar  ,y nos vio a nosotros. Me miro directamente a los ojos y me dijo con los labios ``Huye´´.
Se lo llevaron, a él y a mi madre. Antes de que   pudiera reaccionar la señora Janaan aparecio detrás nuestra y nos dijo: es hora de decir adiós  a Nador , a este inhóspito lugar; nos vamos a la frontera con España ahora mismo. Yo no me quería ir, mis padres estaban ahí, en algún lugar, pero me cogieron y me montaron en el coche de el señor Kahily la señora Janaan se puso a conducir cosa que me sorprendió, dado que las mujeres no pueden conducir según mi religión, pero no le di demasiadas vueltas, tenía que preocuparme de otras cosas en ese momento como donde estaban mis padres, el agua, la comida , si podríamos pasar al otro lado o no.
A las dos horas de trayecto llegamos a un pueblo fronterizo de la ciudad de Melilla y empecé a ponerme nervioso, pues ninguno teníamos documentación para poder pasar, pero entonces conocimos a Namir, un chaval de unos 16 años , dos mas que yo , que buscaba trabajo en otro sitio y escapar de la crueldad. Le contamos nuestra historia y decidió ayudarnos a cruzar la vaya al otro lado en el próximo salto de esa noche. No fue fácil y no recuerdo mucho pero si que subimos la valla en la que había muchos pinchos y cuchillas  muy afilados. Pudimos bajar al otro lado pero la policía fronteriza nos pillo .Y  ahora estoy aquí , en un barco de traslado a la península Ibérica para decidir que hacen con nosotros. Tenemos un futuro incierto, no estamos todos juntos , hemos sufrido mucho, pero no nos rendiremos hasta conseguirlo.

lunes, 8 de abril de 2019

"El último verano" de Sara Fisac


Estoy cayendo. El viento agita mi pelo y me impide oír nada. Abro los ojos y lo último  que veo antes de sumergirme en el agua, es el cielo. Un cielo de un azul precioso. Caigo al agua y el frío me envuelve, entumece mis brazos y me corta la respiración. El tiempo parece detenerse, no se escucha nada y reina la tranquilidad. Da la impresión de que estoy en otro mundo, un mundo perfecto en el que no hay preocupaciones. Por un instante me quedo quieta, sin poder moverme, pero al momento, todo mi cuerpo se mueve, luchando por salir a la superficie y regresar, como quien despierta de un sueño. Tomo una bocanada de aire fresco y el sol acaricia mi cara. Oigo a las gaviotas y miro hacia arriba buscándolas. En vez de aquellas aves, mis ojos se topan con la cima del acantilado y me pregunto cómo he sido capaz de saltar desde allí. Recuerdo que alguien me dijo alguna vez que el valor no se trata de la ausencia de miedo, sino de la capacidad de hacerle frente. Supongo que tiene razón, y por lo que me viene encima iba a necesitar mucho valor. Suspiro mientras me relajo en el agua y una sensación de nostalgia empieza a invadirme. Es mi último verano, pero no quiero marcharme, me gusta este lugar. Sonrío tristemente mientras observo las nubes, que anuncian cambios. La vida está llena de imprevistos y nunca sabes que te deparará el futuro. Entonces cierro los ojos y empiezo a recordar. Por mi mente pasan imágenes, recuerdos como un tren que no tiene parada. Un hospital, salas de espera, un médico explicando de la manera más suave que no podían hacer nada para ayudarme... Todos se sorprendieron de que me tomase la noticia de una forma tan serena a pesar de mi edad, todo el mundo me compadecía, pero nadie realmente se acercaba a mí para preguntarme cómo me sentía. Lágrimas han comenzado a resbalar por mis mejillas y se mezclan con el mar. Aquí tumbada, flotando en el agua del sabor de mis lamentos, es fácil olvidar la realidad. Una parte de mi ya no tiene fuerzas y me dice que me rinda, pero hay otra que me dice que siga luchando, que aunque ya sepa cuál es mi final no por eso voy a estropear lo que me queda. Y esa es la diferencia que marca a las personas y que las define, su forma de afrontar la vida y lo que ella conlleva. Sí, puede que sea mi último verano, pero también va a ser el verano de mi vida.

martes, 12 de marzo de 2019

"El mayor tesoro" de Sara Fisac



    “Todo está relacionado”. Eso es lo que me repito mientras corro por unos pasillos que se cierran a mi paso. Yo formaba parte de una expedición a unas pirámides encontradas en Egipto. Se trataba de una exploración relacionada con un papiro encontrado hacía más de un siglo, el papiro de Rhind, redactado por el escriba egipcio Ahmès, en el que se habla del número Pi, pero que gira en torno a 3,16 y no al 3,14. Yo no soy científica ni matemática, pero cuando me dijeron que necesitaban a una exploradora sin miedo a lo desconocido y apasionada por el misterioso mundo egipcio, no dudé en aceptar.  Una vez allí, mientras estábamos entre aquellas grandes piedras, la humedad y el olor a cerrado, me pareció ver una silueta que cruzaba la cámara, pero como nadie más pareció verla pensé que la oscuridad me había jugado una mala pasada y no le di más importancia. Volví a mirar a la pared y me quedé maravillada, pues donde antes no había nada, ahora estaba llena de inscripciones. Reconocí el número Pi y me acerqué más, nunca lo había visto de una manera tan bonita, a pesar de la poca iluminación. Vi círculos, esferas y circunferencias, y supuse que las operaciones estaban destinadas a averiguar la superficie, el volumen y la longitud. Aún maravillada me giré para avisar a mis compañeros, pero no había nadie. Extrañada, pues no les había oído marcharse, di unos pasos con la antorcha refulgiendo. Entonces vi una sombra desaparecer en una esquina, a un par de metros. Esperanzada y un tanto aliviada, me dirigí hacia ella. Al principio mis pasos eran normales, pero al ver que no alcanzaba al dueño de aquella sombra, mis pasos se volvieron rápidos. Seguí aquella silueta y al sonido de sus pisadas por incontables pasillos, pero al ver que no bajaba su velocidad, alcé mi voz, llamándola. Entonces los pasos cesaron, y me encontré sola en la oscuridad, acompañada tan solo del sonido de mi respiración. Me acerqué a la pared de mi espalda y busqué algo que me pudiese dar una pista de dónde me encontraba. Estaba llena del número Pi y de operaciones que nunca antes había visto. Recordé que Pi era la relación entre el perímetro de la base y el doble de la altura de la pirámide de Keops, y me pregunté si aquello tendría algo que ver. Conseguí descifrar una oración y resultó ser la misma que había en el papiro de 1650 a.C. Era gratificante, pues había encontrado lo que andábamos buscando, pero ese éxito se veía empañado por el hecho de que no lograba encontrar a mis compañeros.     Yo vagaba por los pasillos, doblando esquinas, e intentando encontrar el camino de regreso o a mis compañeros, cuando vi a alguien en medio de uno de aquellos corredores, dándome la espalda. La figura se giró y me sorprendí, parecía un niño. Le pregunté que qué estaba haciendo allí, pero no me contestó y se quedó mirándome. Entonces yo también le miré y me fijé por primera vez en su ropa, parecía un faraón de pequeño. De improviso el niño rió, su sonrisa pareció iluminar la estancia, y aún riendo el niño comenzó a correr. Yo sin saber muy bien que hacer, le seguí, él aumentó la velocidad, asegurándose de que le seguía. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que se detuvo frente a una bifurcación del camino. Señaló la primera y dijo “salida”, después señaló la segunda y no dijo nada, tan solo me miró. Yo no sabía que hacer, uno me devolvía la libertad y el otro tan solo lo desconocido. Me planteé
salir de allí, pero entonces supe que me arrepentiría el resto de mi vida... Así que miré a aquel pequeño faraón, y señalé el segundo camino. El niño sonrió, y mis labios se curvaron hacia arriba, devolviéndole la sonrisa. Entonces él comenzó a dar pequeños saltitos adentrándonos en aquella galería, según andábamos las antorchas colgadas de las paredes se fueron encendiendo, revelando dibujos y más inscripciones. El niño se detuvo frente a una gran puerta con Pi en ella. Entonces rozó la puerta con los dedos y esta se abrió. Dijo “tesoro” y tras una última sonrisa desapareció, y de nuevo me quedé sola. Entré en una estancia amplia, en la que las paredes estaban cubiertas de papiros y de pergaminos. Cogí el más cercano, y lo abrí. Mis ojos se encontraron entonces con indescifrables caracteres que lentamente fueron cambiando hasta que pude entenderlos. Y entonces todo encajó en mi mente. Aquel pergamino que mis manos sujetaban completaban el primero que encontraron en 1855. Hablaba de Pi, de sus propiedades, de que era un número trascendental, irracional y de que tal vez pudiese tratarse de un número universal. Comprendí que el mayor tesoro es el conocimiento y que eso era lo que el niño trataba de decirme.  Oí un ruido y noté como temblaba el suelo. Arena comenzó a caerme desde el techo y asustada guardé el pergamino en un bolsillo junto con un pequeño objeto que había debajo. Salí corriendo, y en cuanto crucé el umbral, se cerró la puerta con un gran estruendo. Y aquí estoy ahora, corriendo para ver la luz del sol, mientras los pasillos se cierran y lo techos se derrumban. Me dirijo hacia el tercer pasillo, que está a catorce pasos de mí. Cuando llego al cruce veo al fin la luz y con mis últimas fuerzas logro salir al exterior, antes de que se derrumbe a mi espalda. Mientras aún estoy intentando recobrar el aliento oigo voces y cuando levanto la vista veo a mis compañeros, sanos y salvos, que me miran sorprendidos. Nadie excepto yo, sabe que ocurrió aquel día en realidad, pues tras meses de investigación tan solo se encontró el pergamino que guardé y aquel pequeño medallón. No conté lo que vi porque nadie me creería, pero siempre guardaré en mi memoria a aquel niño que me enseñó cuál es el mayor tesoro.



lunes, 11 de marzo de 2019

"Venezuela en colores"



  
Amarilla es tu arena
Como el color de tus riquezas,
Amarillas son tus plumas
Como los cantantes de las faunas.

Azules son tus costas
Como las aguas cristalinas,
Azules son tus mares
Como el color del fondo donde habita el caballo blanco.

Roja es la sangre
Como el color del dolor que sentimos,
Pero Roja es la sangre
Como la sangre que perdemos por nuestro esfuerzo.

Amarillo, azul y rojo
Como el color de Venezuela. 

lunes, 7 de enero de 2019

"Yo, Marco Polo" de Sara Fisac



El viento agitaba las velas del barco mientras la tripulación ultimaba los detalles. Me encontraba en la cubierta del barco observando las olas que mecían la embarcación y escuchando los graznidos de las gaviotas. Saqué un pequeño cuaderno, mi diario, y anoté: “Año 1295, yo Marco Polo, voy a iniciar el viaje de vuelta a mi ciudad natal, Venecia.” Levanté la mirada al oír que levantaban la pasarela del navío y volví a guardar el diario en mi bolsa.
Miré por última vez el paisaje. Iba a echarlo de menos. China se extendía ante mí, el lugar en el que había vivido tres años como gobernador, Yangzhou no se encontraba muy lejos. Era mediodía y esa misma mañana me había despedido de Kublai Kan, emperador de Mongolia y China, al que había servido veintitrés años. En el barco llevaba algunos productos originarios de la misma China, como por ejemplo, papel, pólvora, seda y algunos perfumes. Aunque me sentía triste por abandonar el país, también me alegraba porque iba a regresar a Venecia.
Esa misma noche en mi pequeño camarote, estuve leyendo el diario en el que anotaba todo de mis viajes. Aún recuerdo cuando mi padre me lo trajo, hace ya muchos años, de un viaje que hizo a China. Después de eso, recuerdo que me llevó con él y con mi tío Maffeo por la Ruta de la Seda, en 1271. Y allí me encontraba, sentado en una estrecha cama, leyendo bajo la luz de una vela las páginas que una vez yo mismo escribí.
El día siguiente amaneció nublado y a media mañana se levantó un fuerte viento que, acompañado de una lluvia torrencial, sacudían el barco como si fuese una cáscara de nuez. El capitán gritaba órdenes a la tripulación, cuando un cabo que se encontraba a mi izquierda se soltó. El cabo me golpeó y me tiró al suelo, pero rápidamente me puse en pie y me abalancé sobre él. Lo agarré y por la fricción me quemé las manos. Haciendo un terrible esfuerzo logré ponerlo de nuevo en su sitio. Las manos me ardían. El agua lo empapaba todo y dificultaba la visión. Las olas eran tan altas como el barco y  chocaban contra él con furia. A lo lejos se oían truenos, pero no consiguieron silenciar un grito de puro terror que se elevó en el aire. Me giré y busqué a mi alrededor el origen de aquel bramido. De repente oí mas gritos, pero ahora pedían ayuda. Con una fría certeza atenazando mi corazón, me asomé al borde. Y allí estaba, un pobre marinero, aferrándose como podía a un saliente de la madera. Estiré mis brazos con intención de cogerle y fue como si el tiempo se parase. Ahí estaba él, a punto de caerse, y yo, intentando evitarlo. Conseguí agarrarle del antebrazo y tirar de él. Su peso estuvo a punto de arrastrarme con él a las negras profundidades del mar. Planté bien los pies en el resbaladizo suelo y tiré hacia mí. Una mano se asomó, seguida del brazo y del cuerpo. Finalmente pasó una pierna por encima del borde y después la otra, y con un golpe sordo cayó al suelo. Yo no sabía si en realidad le había salvado o si en ese viaje íbamos a perecer todos bajo las aguas. Pero al parecer, todavía no había llegado nuestra hora, porque muy poco a poco, el enfurecido mar se fue calmando, la lluvia cesó y el cielo comenzó a despejarse. El los siguientes días tuvimos un buen clima. Y aunque no se lo confesé a nadie, nunca en mi vida había estado tan asustado como en aquel tormentoso día.
Tras varias semanas de viaje, finalmente llegamos a Venecia y desembarcamos. Resulta que mientras había estado ausente, Venecia había entrado en guerra con la República de Génova. Así que me convertí en capitán de una galera veneciana y luché en la batalla que se enfrentó a la flota de Génova. En dicha batalla fui apresado y encarcelado por los genoveses. Esto ocurrió alrededor de 1298. No sé por qué, pero lo que más me entristeció fue que me desprendí de mi diario. El cuaderno que me regaló mi padre, todas mis aventuras por Asia, todos mis pensamientos y mis conocimientos plasmados en él... Y lo más probable fue que en esos instantes estuviesen destruidos y perdidos para siempre. Cuando por fin creía que estaba solo en mi celda, pensando que nadie me oía, me desahogué y dije en voz alta todo lo que me preocupaba, lo de mis viajes y mi cuaderno. Pero en realidad no estaba tan solo como creía. El escritor Rustichello de Pisa también estaba encarcelado conmigo y al parecer consideró que mis viajes eran muy interesantes y decidió escribir un libro sobre ellos. Me preguntó si podía contarle mis vivencias y él las iría anotando. Superada la vergüenza inicial de haberme dado cuenta de que alguien sí que me escuchaba, acepté. Y me alegré, porque así no todo mi esfuerzo de escribir un diario habría sido en vano. Nos pasábamos los días enteros hablando y escribiendo un libro basado en mi antiguo diario.
Hasta el día que me liberaron en 1299 estuve narrándole mis viajes y mis aventuras y recordando los buenos momentos que pasé. El tiempo que pasé encerrado se me pasó volando. Cuando me liberaron, yo rápidamente busqué trabajo como mercader, porque lo había sido toda mi vida y mi padre y mi tío también. Gracias a eso me volví rico y me convertí en miembro del Gran Consejo de la República de Venecia. Un día mientras caminaba distraído casi me choqué con una mujer. Debía de ser muy hermosa si no fuera porque estaba llorando. Le pregunté su nombre y me lo dijo. Su nombre era Donata Badoer, y era una noble a la que su familia presionaba para casarse. Ese día lo pasamos juntos, la consolé y de ahí nació una bella historia de amor.
Me casé con ella, aunque perdió su rango al casarse conmigo, y tuve tres preciosas hijas: Fantina, Moreta y Belella. Juntos formamos una familia. Por las noches les contaba a mis hijas las aventuras de mis viajes. Ellas me miraban con los ojos muy abiertos y las bocas entreabiertas de la incredulidad. Con la inocencia de la niñez y la curiosidad siempre presente, me hacían todo tipo de preguntas sobre los lugares en los que había estado y sobre las personas que había conocido. Y yo siempre las contestaba como si de una historia fantástica se tratase.
Y aquí estoy ahora, en 1324, tumbado en mi cama rodeado de mis seres queridos, recordando las cosas por las que pasé. Como suelen decir, cuando estás a punto de morir, ves la vida pasar ante tus ojos. Una tos me sacude y cierro los ojos, respirando trabajosamente. Recuerdo aquel viaje de vuelta a Venecia en el que esquivamos a la muerte por muy poco. Y aunque allí logramos ver un nuevo día, sé que a todos nos llega nuestra hora, pero por extraño que suene no estoy asustado. Noto frío en mi mejilla y cuando abro los ojos la veo ante mí. Me sonríe y me dice que ya es mi turno, que tome su mano y que deje este mundo. Le devuelvo la sonrisa y tomo su mano, y en cuanto la toco una sensación de tranquilidad llena mi cuerpo. Mientras el frío se extiende y se nubla mi vista, veo allí a mis hijas. Quiero decirles que no lloren, que no se preocupen por mí, que yo estoy bien, pero no puedo. Así que lo último que veo, antes de que la oscuridad me envuelva con sus fríos brazos, es el rostro de las personas que más quiero.