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lunes, 16 de mayo de 2016

"¿Suerte?" de Eva Turmo (Parte 1)

- ¡Levántate! - Decía mi querida hermana.

Aquí me tenéis, una mujer completamente independiente que vive con su hermana en el cuarto piso de un piso en Tribeca, New York. 4ºB, para daros más información. Es un piso relativamente grande para dos personas; aun que pequeño para una veinteañera que tengo como hermana, Grace. Nos separan quince años, yo fui el fruto del matrimonio fallido de mi padre con mi madre, quién se divorció porque se casó con un millonario, nunca he podido respetarla por eso. Mi hermana es el fruto de ese otro enlace. Mi padre actualmente está comprometido con una alemana doce años más joven que él. Pues bueno, todavía no me he presentado, me llamo Sarah y tengo treinta y cinco años, soy neoyorquina; trabajo en una compañía que lleva a cabo l bodas. Cada día veo la felicidad de las parejas, ansiosas por su boda. Y yo, aquí, soltera.

- Son las ocho Sarah, no querrás llegar tarde, hoy es tu primer día como directora del departamento.
-Te recuerdo que no soy directora, sino subdirectora.
-Lo mismo me da, que me da lo mismo, levántate, no seas una niña pequeña- mi hermana desde siempre ha sido la más responsable, incluso con cuatro años me decía que tenía que lavar los platos- si no te levantas te hecho un cubo de hielo en la cama.
- Vale, vale... Te creo, ya me levanto.

Trabajosamente me levanté de mi querida cama, mullidita, blandita, todavía caliente... ¡Qué pereza! Hoy era mi primer día con mi nuevo ascenso y no quería dar una mala impresión. Fui a darme un ducha rápida y me dirigí empapada con la toalla al armario, se me olvidó elegir ayer lo que iba a llevar hoy a trabajar. Me puse un vestido que me regaló mi padrastro, era un vestido rojo ceñido a la figura, lo complementé con una americana negra y unos stilettos, y lista. Ahora sólo me quedaba una tarea, encontrar las llaves del coche. Afortunadamente esa tarea ya me la había hecho mi hermana y sólo me quedaba coger una barrita energética, la cual también había sacado mi hermana,

- Toma tonta- me decía con una sonrisa entrecortada, sabía que lo único que quería era que me largase de casa para dejarla estudiar.
- Adiós, me voy yendo.

Cerré la puerta con un ligero portazo, siempre oía a mi hermana gritar desde dentro del piso : "¡Dale más fuerte!" Me encantaba oírla decir eso todas las mañanas, era como mi pequeña taza de café para empezar bien el día.

Me metí en mi pequeño Mini rojo y conducí a la oficina.
Allí, en mi primer día con mi nuevo ascenso, me esperaba mi superior, Mister Sebastian, aun que todos le llamamos MS. A su lado estaba una señora de unos cincuenta años mirándome de arriba a abajo, notaba su mirada posarse en mí, en cada centímetro.
¿Qué quería?

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