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sábado, 7 de noviembre de 2015

"Mi fin de semana" de Ana Arroyo

Ya era viernes a medio día; estaba cansada de toda la semana, pero, por fin, ya eran las cinco. Salí a toda prisa de la clase al terminar de rezar, pero la profesora me alcanzó y se quedó a hablar conmigo. Nada más por su cara de enfado y su ceño fruncido supe que se trataba  de malas noticias. Me dijo varias cosas buenas, pero antes de decirme la última, que era por la que estaba enfadada, vino mi hermano Nacho. Me salvé de quedarme una semana sin patios. Este fin de semana me lo iba a pasar genial, sobre todo por la fiesta de Halloween con mis amigas. Le contaba a mi hermano contenta y entusiasmada. Esta tarde ,como todos los viernes, iba a quedar con ellas; al pasar la tarde, llegué a casa cansada, por lo que os comentaba al principio, pero también por la carreras de esta tarde en el parque, así que me fui pronto a la cama .
"Ya es sábado", grité alegre pegando un salto sobre la cama; mi madre nada más verme de pie me dijo que el lunes no había colegio ya que era puente. También grité porque me acordé de que en ese día caía mi cumple.
"Las tres de la tarde", me contestó Nacho. Se me estaba haciendo el día eterno;  me mandó mi madre a por el pan y sin más remedio fui a por él. De camino me encontré a una de mis amigas con las que haría esta tarde la fiesta. Estuvimos charlando un buen rato, hasta que noté vibrar el móvil en el bolsillo del pantalón. Vi que era mi madre, entonces, sin contestarla, me dirigí corriendo a mi casa. Al abrir la puerta de mi casa, me di cuenta de que me había olvidado el pan y discretamente fui a mi habitación. Dos segundos más tarde de mi llegada, mi padre abrió la puerta  y me dijo "A comer, Ana". Yo, nerviosa, me senté en la mesa. Por fin terminé de comer y nadie se dio cuenta; mi hermano mayor estuvo sospechando toda la comida de mí,  pero solté un tema y se le olvidó.
Esta era la peor parte de los sábados cuando mi madre nos preguntaba si teníamos deberes; yo afirmé con una sacudida de cabeza, me puse rápido a hacerlos sin rechistar. Mi madre ,como de costumbre a esta hora, solía sentarse en el sofá a ver Alexia. Se metió en mis notas  y vio quejas sobre mí de la tutora; entonces me regañó  una hora o así, o a mí me pareció, porque se hizo larguísimo y como era obvio, mi madre no me dejó ir a la fiesta , pero me dio igual porque el lunes era mi cumple, así que tendría otra más .

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