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sábado, 7 de noviembre de 2015

"El coma" de Alberto Soler

Estaba de camino al colegio como hacía normalmente, pero ese día cambió por completo. Como iba diciendo estaba de camino al cole y en la acera de en frente estaba mi amigo Juan,entonces mire hacia la derecha para ver si venía algún coche, pasé rápidamente de una acera a la otra pero no me dí cuenta de que a mi izquierda pasaba un coche e intentó frenar pero iba tan rápido que no le dio tiempo al coche y me atropelló. Me desperté en otro lugar, no lo veía muy claro pero en unos minutos conseguí ver claramente y me encontraba solo en, un espacio totalmente en blanco. Escuchaba las voces de un hombre y una mujer, pero no les veía. No reconocía de primeras las voces pero estuve un rato escuchando y me dí cuenta de que la voz de aquella mujer era la de mi madre. Se la escuchaba preocupada y yo no sabía porque, la decía que estaba pasando pero al parecer no me escuchaba. Seguí escuchando y oí al hombre decir que estaba en coma,yo no me explicaba como conseguí estar en esa especie de "trance", estuve pensando que me pasó y de repente se me vino a la cabeza unas imágenes. En las imágenes aparecía el momento en el que vi a juan y me atropelló el coche, pero después de eso no me acordaba de más. Al cabo de un rato escuchaba los llantos de mis padres y yo les intentaba decir que les escuchaba pero no veía manera de comunicarme con ellos. Estaba asustado, nunca me había pasado esto, estaba completamente solo y lo peor es oir a mi familia intentando se comunicar conmigo y yo no poder decirles ni un "te quiero". Se me pasaban los días muy lentos y al parecer no tenía la noción del tiempo. Empecé a escuchar voces, varias voces, y me enteré de que todas esas voces eran de mis amigos y eso me motivó muchísimo para seguir adelante y luchar para salir de ese coma. Un día empecé a sentir cosas en mi cuerpo, unas sensaciones de poder moverme y al cabo de unos minutos abrí los ojos y todo lo veía borroso y cuando pude ver bien, vi la cara de mis padres y les sonreí. Sus ojos estaban llorosos y les mire fijamente y su cara de felicidad era inmensa. Al día siguiente me dieron el alta y en  un par de días volví al colegio y empecé de nuevo mi día normal.