jueves, 15 de marzo de 2018

"Jaula" de Lucía González

Siempre ha estado, solo que quienes no se mueven no lo notan. Siempre he tenido fascinación por esa jaula, tan invisible como fuerte. Sin embargo, hay una generación que se ha cansado de ella, cansado de las ataduras, de las experiencias perdidas, de las vidas perdidas. Es una jaula que calla a los que quieren gritar, que encierra a los que quieren libertad, que mata a los que intentan escapar.
Debe haber una forma de romperla, pero nadie lo ha averiguado. Nadie ha averiguado nada. Nadie se plantea el porqué de la existencia esa jaula.
Dentro de esa jaula está lo que las películas de Hollywood nos venden: los príncipes azules que te vienen a salvar, las princesas sumisas a la espera de ellos. Eso es de lo que todo el mundo habla, nadie habla de esta generación, donde las princesas cogen arcos, flechas y espadas y matan a sus dragones. Donde ya no hay madrastas que te matan para ser la más guapa. Donde los príncipes ya no tienen a quien salvar, y les parece bien, les parece bien ver como esas indefensas muchachas se convierten en grandes guerreras, en grandes reinas.
Todo cambia, pero allí sigue la jaula, intacta, inamovible. Es como si todas las luchas libradas y por librar no sirvieran de nada. Como si todos los gritos de aquellos que buscan la justicia, incansables, a pesar de todas las veces que han sido callados, es como si de nada sirviese. De nada sirven los lloros, los gritos de dolor de aquellos que han perdido o de aquellos que perderán. Como si todos los valientes que se han enfrentado a ELLA, la dueña de todos, de nuestros miedos, de nuestros defectos, de nuestras inseguridades. Esa jaula que es tan verdadera como invisible. Como si todos sus adversarios, los que han salido victoriosos y los que no, es como si no existieran. Escondidos de todos, intentando que nos demos cuenta. De que nos demos cuenta de que ya es hora de quitarnos la venda de ojos y boca los unos a los otros, de que ya es hora de levantarnos y luchar contra aquello que nos retiene aquí dentro.  Hora de utilizar aquello de lo que ELLA es dueña en su contra. Hora de darnos cuenta de que nuestros defectos son nuestras mejores armas


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