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sábado, 27 de mayo de 2017

"El fin de los tiempos" (Parte 1) de Natalia Inacio

El fin de los tiempos llegó, pero no era para nada lo que esperábamos. No ascendieron los cuatro jinetes del Apocalipsis del infierno, tampoco hubo un Cristo ni un Anticristo. Este fin del mundo, nos lo buscamos nosotros, con nuestra contaminación, nuestras guerras, nuestras cazas sin control... Antes de esto, yo decía totalmente segura de ello, que antes de que llegara el fin del mundo, la raza humana ya se habría extinguido, pues nos habríamos destruido los unos a los otros. Ahora, después de haber vivido el fin del mundo, he comprendido que el verdadero Apocalipsis, era la humanidad, todos los seres humanos, hemos destruido toda belleza y todo lo vivo con el fin de satisfacer no solo nuestras necesidades, sino también nuestros anhelos desde la primera vez que pusimos un pie en la tierra.
 Llegados a este punto, creo que es hora de que os cuente lo sucedido en los últimos tres años en los que llevo viviendo sola en una casa de leñador medio en ruinas, en medio de algún lugar en medio de la nada, con un refugio para tornados claramente desgastado, una despensa llena de comida, dos habitaciones un salón una cocina y un establo con un cercado alrededor.
Todo esto empezó un día cualquiera que se me quedaría marcado en la mente para el resto de mi vida, últimamente el clima estaba cambiando brutalmente junto con los desastres naturales, Tsunamis, Terremotos, Erupciones volcánicas… pero, aun así, la gente paseaba ignorante por los parques y calles de los pueblos y ciudades, sin ni siquiera pasárseles fugazmente por la mente la idea del terrible destino que les aguardaba. El principio del resto de mi vida empezó un 23 de febrero. Cuando todo esto empezó, estaba con mi amiga Belén en una piedra a las afueras del pueblo, que estaba mirando hacia la sierra cuando de repente empecé a oír un ruido amortiguado, como si fueran olas, allá por las montañas observé como el agua se escurría entre ellas, cada vez más y más cantidad, entramos corriendo en el pueblo y cogimos nuestras motos y nos pusimos en camino hacia mi casa, entonces encendimos la televisión y vimos como las noticias hablaban sobre Tsunamis que habían Inundado completamente todas las zonas de costa , había habido más de 2 millones de muertos y el agua seguía avanzando hacia el interior de los continentes, ya había desaparecido Oceanía, Japón, todas las islas y la mitad de cada continente, pronto se inundaría también la comunidad de Madrid y junto a ella Colmenar Viejo, no tuvimos más opción que coger todas las cosas imprescindibles, junto con comida y agua, todo esto es fácil de leer encima del papel pero te puedo asegurar de que es muy difícil renunciar a toda una vida allí m todos tus recuerdos y tus cosas, cogí unos libros y unas medicinas y ropa, listos para salir por la puerta, salto una noticia urgente en la televisión, los sunamis habían derivado las fuentes para sacar petróleo y la gasolina ya se estaba acabando, pues no tuvimos otra opción que ir a ver a uno de los ganaderos del pueblo y además amigo nuestro para que nos prestara o vendiera tres caballos, pues íbamos a emigrar hacia algún lugar sin riesgo de inundación, sin hacerse esperar trajo cuatro caballos, pues dijo que él nos acompañaría, sin embargo, nada mas haber pasado tres días de camino, nuestro acompañante enfermó gravemente y pues ninguna de mis medicinas le hacía efecto ni podía dormir, hasta que un día por fin durmió, pero no volvió a abrir los ojos, nos afectó gravemente su perdida, pero debíamos continuar con nuestro viaje si no queríamos acabar como el dejamos a su caballo suelto y a él le dimos una sepultura digna, después reemprendimos el viaje.

   A menos de un día de viaje encontramos un barco que nos llevaría al continente, pues las aguas habían convertido el continente en una isla… 

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