miércoles, 24 de abril de 2019

"Porque es así" de Alba Amelibia

Porque es así
 lo digo desde un principio 
no es solo porque sí
 es porque es así
 así de verdad
 no de cuento
 te lo digo de nuevo
 que todo es porque es así
 y el amor vence a todo
 a cada adversidad
 no hay respuesta ninguna
 el amor es eso
 porque es como tiene que ser
 porque es así
 porque tiene que ser así
 no hay otra manera
 no hay una igualdad al amor
 el amor es el mayor valor que existe
 por ser como es porque es así
 así de bonito y eterno
 voces dirán que hay siempre algún que otro desamor
 eso se provoca por el propio amor porque es así
 no podemos combatir contra él
 porque siempre saldrá ganando
 porque el amor es así y seguirá siendo así
 por el resto de eternidades. 

miércoles, 10 de abril de 2019

"Solos" de Jaime Gala


Marruecos. Todo empezó allí, en la región de Nador. Las mafias, el hambre y el peligro constante  eran simplemente devastadores , no había nada que se pudiera hacer salvo huir, pero ¿jugártela por irte a otro país en el que te rechazaran? Ni de broma pensábamos mi familia y yo, hasta que la mafia nos encontró.
Era un día más o menos tranquilo, mis padres y mi prima Amira y yo, estábamos en casa relajadamente. Ese día habíamos conseguido algo de comida para cenar, cuando oímos gritos en la casa de los vecinos pidiendo ayuda. Inmediatamente mis padres nos llevaron al jardín y nos dijeron que huyéramos, pero esperamos escondidos. Se hizo de noche y seguían sin venir .Y entonces les vi, estaban esposados por unos hombres enmascarados con armas de fuego que les apuntaban a ellos y a mis vecinos. Solo que faltaba la señora Janaan.
 Los mafiosos registraron nuestra casa buscando algo, a nosotros seguramente, sin éxito, por suerte. Entablaron una rápida conversación en otro idioma y empezaron a quemar mi casa y la de mis vecinos. Cuando se estaban marchando, mi padre miro hacia atrás, seguramente mirando nuestra casa por última vez, ese lugar al que hasta hace poco llamaba hogar  ,y nos vio a nosotros. Me miro directamente a los ojos y me dijo con los labios ``Huye´´.
Se lo llevaron, a él y a mi madre. Antes de que   pudiera reaccionar la señora Janaan aparecio detrás nuestra y nos dijo: es hora de decir adiós  a Nador , a este inhóspito lugar; nos vamos a la frontera con España ahora mismo. Yo no me quería ir, mis padres estaban ahí, en algún lugar, pero me cogieron y me montaron en el coche de el señor Kahily la señora Janaan se puso a conducir cosa que me sorprendió, dado que las mujeres no pueden conducir según mi religión, pero no le di demasiadas vueltas, tenía que preocuparme de otras cosas en ese momento como donde estaban mis padres, el agua, la comida , si podríamos pasar al otro lado o no.
A las dos horas de trayecto llegamos a un pueblo fronterizo de la ciudad de Melilla y empecé a ponerme nervioso, pues ninguno teníamos documentación para poder pasar, pero entonces conocimos a Namir, un chaval de unos 16 años , dos mas que yo , que buscaba trabajo en otro sitio y escapar de la crueldad. Le contamos nuestra historia y decidió ayudarnos a cruzar la vaya al otro lado en el próximo salto de esa noche. No fue fácil y no recuerdo mucho pero si que subimos la valla en la que había muchos pinchos y cuchillas  muy afilados. Pudimos bajar al otro lado pero la policía fronteriza nos pillo .Y  ahora estoy aquí , en un barco de traslado a la península Ibérica para decidir que hacen con nosotros. Tenemos un futuro incierto, no estamos todos juntos , hemos sufrido mucho, pero no nos rendiremos hasta conseguirlo.

lunes, 8 de abril de 2019

"El último verano" de Sara Fisac


Estoy cayendo. El viento agita mi pelo y me impide oír nada. Abro los ojos y lo último  que veo antes de sumergirme en el agua, es el cielo. Un cielo de un azul precioso. Caigo al agua y el frío me envuelve, entumece mis brazos y me corta la respiración. El tiempo parece detenerse, no se escucha nada y reina la tranquilidad. Da la impresión de que estoy en otro mundo, un mundo perfecto en el que no hay preocupaciones. Por un instante me quedo quieta, sin poder moverme, pero al momento, todo mi cuerpo se mueve, luchando por salir a la superficie y regresar, como quien despierta de un sueño. Tomo una bocanada de aire fresco y el sol acaricia mi cara. Oigo a las gaviotas y miro hacia arriba buscándolas. En vez de aquellas aves, mis ojos se topan con la cima del acantilado y me pregunto cómo he sido capaz de saltar desde allí. Recuerdo que alguien me dijo alguna vez que el valor no se trata de la ausencia de miedo, sino de la capacidad de hacerle frente. Supongo que tiene razón, y por lo que me viene encima iba a necesitar mucho valor. Suspiro mientras me relajo en el agua y una sensación de nostalgia empieza a invadirme. Es mi último verano, pero no quiero marcharme, me gusta este lugar. Sonrío tristemente mientras observo las nubes, que anuncian cambios. La vida está llena de imprevistos y nunca sabes que te deparará el futuro. Entonces cierro los ojos y empiezo a recordar. Por mi mente pasan imágenes, recuerdos como un tren que no tiene parada. Un hospital, salas de espera, un médico explicando de la manera más suave que no podían hacer nada para ayudarme... Todos se sorprendieron de que me tomase la noticia de una forma tan serena a pesar de mi edad, todo el mundo me compadecía, pero nadie realmente se acercaba a mí para preguntarme cómo me sentía. Lágrimas han comenzado a resbalar por mis mejillas y se mezclan con el mar. Aquí tumbada, flotando en el agua del sabor de mis lamentos, es fácil olvidar la realidad. Una parte de mi ya no tiene fuerzas y me dice que me rinda, pero hay otra que me dice que siga luchando, que aunque ya sepa cuál es mi final no por eso voy a estropear lo que me queda. Y esa es la diferencia que marca a las personas y que las define, su forma de afrontar la vida y lo que ella conlleva. Sí, puede que sea mi último verano, pero también va a ser el verano de mi vida.

martes, 12 de marzo de 2019

"El mayor tesoro" de Sara Fisac



    “Todo está relacionado”. Eso es lo que me repito mientras corro por unos pasillos que se cierran a mi paso. Yo formaba parte de una expedición a unas pirámides encontradas en Egipto. Se trataba de una exploración relacionada con un papiro encontrado hacía más de un siglo, el papiro de Rhind, redactado por el escriba egipcio Ahmès, en el que se habla del número Pi, pero que gira en torno a 3,16 y no al 3,14. Yo no soy científica ni matemática, pero cuando me dijeron que necesitaban a una exploradora sin miedo a lo desconocido y apasionada por el misterioso mundo egipcio, no dudé en aceptar.  Una vez allí, mientras estábamos entre aquellas grandes piedras, la humedad y el olor a cerrado, me pareció ver una silueta que cruzaba la cámara, pero como nadie más pareció verla pensé que la oscuridad me había jugado una mala pasada y no le di más importancia. Volví a mirar a la pared y me quedé maravillada, pues donde antes no había nada, ahora estaba llena de inscripciones. Reconocí el número Pi y me acerqué más, nunca lo había visto de una manera tan bonita, a pesar de la poca iluminación. Vi círculos, esferas y circunferencias, y supuse que las operaciones estaban destinadas a averiguar la superficie, el volumen y la longitud. Aún maravillada me giré para avisar a mis compañeros, pero no había nadie. Extrañada, pues no les había oído marcharse, di unos pasos con la antorcha refulgiendo. Entonces vi una sombra desaparecer en una esquina, a un par de metros. Esperanzada y un tanto aliviada, me dirigí hacia ella. Al principio mis pasos eran normales, pero al ver que no alcanzaba al dueño de aquella sombra, mis pasos se volvieron rápidos. Seguí aquella silueta y al sonido de sus pisadas por incontables pasillos, pero al ver que no bajaba su velocidad, alcé mi voz, llamándola. Entonces los pasos cesaron, y me encontré sola en la oscuridad, acompañada tan solo del sonido de mi respiración. Me acerqué a la pared de mi espalda y busqué algo que me pudiese dar una pista de dónde me encontraba. Estaba llena del número Pi y de operaciones que nunca antes había visto. Recordé que Pi era la relación entre el perímetro de la base y el doble de la altura de la pirámide de Keops, y me pregunté si aquello tendría algo que ver. Conseguí descifrar una oración y resultó ser la misma que había en el papiro de 1650 a.C. Era gratificante, pues había encontrado lo que andábamos buscando, pero ese éxito se veía empañado por el hecho de que no lograba encontrar a mis compañeros.     Yo vagaba por los pasillos, doblando esquinas, e intentando encontrar el camino de regreso o a mis compañeros, cuando vi a alguien en medio de uno de aquellos corredores, dándome la espalda. La figura se giró y me sorprendí, parecía un niño. Le pregunté que qué estaba haciendo allí, pero no me contestó y se quedó mirándome. Entonces yo también le miré y me fijé por primera vez en su ropa, parecía un faraón de pequeño. De improviso el niño rió, su sonrisa pareció iluminar la estancia, y aún riendo el niño comenzó a correr. Yo sin saber muy bien que hacer, le seguí, él aumentó la velocidad, asegurándose de que le seguía. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que se detuvo frente a una bifurcación del camino. Señaló la primera y dijo “salida”, después señaló la segunda y no dijo nada, tan solo me miró. Yo no sabía que hacer, uno me devolvía la libertad y el otro tan solo lo desconocido. Me planteé
salir de allí, pero entonces supe que me arrepentiría el resto de mi vida... Así que miré a aquel pequeño faraón, y señalé el segundo camino. El niño sonrió, y mis labios se curvaron hacia arriba, devolviéndole la sonrisa. Entonces él comenzó a dar pequeños saltitos adentrándonos en aquella galería, según andábamos las antorchas colgadas de las paredes se fueron encendiendo, revelando dibujos y más inscripciones. El niño se detuvo frente a una gran puerta con Pi en ella. Entonces rozó la puerta con los dedos y esta se abrió. Dijo “tesoro” y tras una última sonrisa desapareció, y de nuevo me quedé sola. Entré en una estancia amplia, en la que las paredes estaban cubiertas de papiros y de pergaminos. Cogí el más cercano, y lo abrí. Mis ojos se encontraron entonces con indescifrables caracteres que lentamente fueron cambiando hasta que pude entenderlos. Y entonces todo encajó en mi mente. Aquel pergamino que mis manos sujetaban completaban el primero que encontraron en 1855. Hablaba de Pi, de sus propiedades, de que era un número trascendental, irracional y de que tal vez pudiese tratarse de un número universal. Comprendí que el mayor tesoro es el conocimiento y que eso era lo que el niño trataba de decirme.  Oí un ruido y noté como temblaba el suelo. Arena comenzó a caerme desde el techo y asustada guardé el pergamino en un bolsillo junto con un pequeño objeto que había debajo. Salí corriendo, y en cuanto crucé el umbral, se cerró la puerta con un gran estruendo. Y aquí estoy ahora, corriendo para ver la luz del sol, mientras los pasillos se cierran y lo techos se derrumban. Me dirijo hacia el tercer pasillo, que está a catorce pasos de mí. Cuando llego al cruce veo al fin la luz y con mis últimas fuerzas logro salir al exterior, antes de que se derrumbe a mi espalda. Mientras aún estoy intentando recobrar el aliento oigo voces y cuando levanto la vista veo a mis compañeros, sanos y salvos, que me miran sorprendidos. Nadie excepto yo, sabe que ocurrió aquel día en realidad, pues tras meses de investigación tan solo se encontró el pergamino que guardé y aquel pequeño medallón. No conté lo que vi porque nadie me creería, pero siempre guardaré en mi memoria a aquel niño que me enseñó cuál es el mayor tesoro.



lunes, 11 de marzo de 2019

"Venezuela en colores"



  
Amarilla es tu arena
Como el color de tus riquezas,
Amarillas son tus plumas
Como los cantantes de las faunas.

Azules son tus costas
Como las aguas cristalinas,
Azules son tus mares
Como el color del fondo donde habita el caballo blanco.

Roja es la sangre
Como el color del dolor que sentimos,
Pero Roja es la sangre
Como la sangre que perdemos por nuestro esfuerzo.

Amarillo, azul y rojo
Como el color de Venezuela. 

lunes, 7 de enero de 2019

"Yo, Marco Polo" de Sara Fisac



El viento agitaba las velas del barco mientras la tripulación ultimaba los detalles. Me encontraba en la cubierta del barco observando las olas que mecían la embarcación y escuchando los graznidos de las gaviotas. Saqué un pequeño cuaderno, mi diario, y anoté: “Año 1295, yo Marco Polo, voy a iniciar el viaje de vuelta a mi ciudad natal, Venecia.” Levanté la mirada al oír que levantaban la pasarela del navío y volví a guardar el diario en mi bolsa.
Miré por última vez el paisaje. Iba a echarlo de menos. China se extendía ante mí, el lugar en el que había vivido tres años como gobernador, Yangzhou no se encontraba muy lejos. Era mediodía y esa misma mañana me había despedido de Kublai Kan, emperador de Mongolia y China, al que había servido veintitrés años. En el barco llevaba algunos productos originarios de la misma China, como por ejemplo, papel, pólvora, seda y algunos perfumes. Aunque me sentía triste por abandonar el país, también me alegraba porque iba a regresar a Venecia.
Esa misma noche en mi pequeño camarote, estuve leyendo el diario en el que anotaba todo de mis viajes. Aún recuerdo cuando mi padre me lo trajo, hace ya muchos años, de un viaje que hizo a China. Después de eso, recuerdo que me llevó con él y con mi tío Maffeo por la Ruta de la Seda, en 1271. Y allí me encontraba, sentado en una estrecha cama, leyendo bajo la luz de una vela las páginas que una vez yo mismo escribí.
El día siguiente amaneció nublado y a media mañana se levantó un fuerte viento que, acompañado de una lluvia torrencial, sacudían el barco como si fuese una cáscara de nuez. El capitán gritaba órdenes a la tripulación, cuando un cabo que se encontraba a mi izquierda se soltó. El cabo me golpeó y me tiró al suelo, pero rápidamente me puse en pie y me abalancé sobre él. Lo agarré y por la fricción me quemé las manos. Haciendo un terrible esfuerzo logré ponerlo de nuevo en su sitio. Las manos me ardían. El agua lo empapaba todo y dificultaba la visión. Las olas eran tan altas como el barco y  chocaban contra él con furia. A lo lejos se oían truenos, pero no consiguieron silenciar un grito de puro terror que se elevó en el aire. Me giré y busqué a mi alrededor el origen de aquel bramido. De repente oí mas gritos, pero ahora pedían ayuda. Con una fría certeza atenazando mi corazón, me asomé al borde. Y allí estaba, un pobre marinero, aferrándose como podía a un saliente de la madera. Estiré mis brazos con intención de cogerle y fue como si el tiempo se parase. Ahí estaba él, a punto de caerse, y yo, intentando evitarlo. Conseguí agarrarle del antebrazo y tirar de él. Su peso estuvo a punto de arrastrarme con él a las negras profundidades del mar. Planté bien los pies en el resbaladizo suelo y tiré hacia mí. Una mano se asomó, seguida del brazo y del cuerpo. Finalmente pasó una pierna por encima del borde y después la otra, y con un golpe sordo cayó al suelo. Yo no sabía si en realidad le había salvado o si en ese viaje íbamos a perecer todos bajo las aguas. Pero al parecer, todavía no había llegado nuestra hora, porque muy poco a poco, el enfurecido mar se fue calmando, la lluvia cesó y el cielo comenzó a despejarse. El los siguientes días tuvimos un buen clima. Y aunque no se lo confesé a nadie, nunca en mi vida había estado tan asustado como en aquel tormentoso día.
Tras varias semanas de viaje, finalmente llegamos a Venecia y desembarcamos. Resulta que mientras había estado ausente, Venecia había entrado en guerra con la República de Génova. Así que me convertí en capitán de una galera veneciana y luché en la batalla que se enfrentó a la flota de Génova. En dicha batalla fui apresado y encarcelado por los genoveses. Esto ocurrió alrededor de 1298. No sé por qué, pero lo que más me entristeció fue que me desprendí de mi diario. El cuaderno que me regaló mi padre, todas mis aventuras por Asia, todos mis pensamientos y mis conocimientos plasmados en él... Y lo más probable fue que en esos instantes estuviesen destruidos y perdidos para siempre. Cuando por fin creía que estaba solo en mi celda, pensando que nadie me oía, me desahogué y dije en voz alta todo lo que me preocupaba, lo de mis viajes y mi cuaderno. Pero en realidad no estaba tan solo como creía. El escritor Rustichello de Pisa también estaba encarcelado conmigo y al parecer consideró que mis viajes eran muy interesantes y decidió escribir un libro sobre ellos. Me preguntó si podía contarle mis vivencias y él las iría anotando. Superada la vergüenza inicial de haberme dado cuenta de que alguien sí que me escuchaba, acepté. Y me alegré, porque así no todo mi esfuerzo de escribir un diario habría sido en vano. Nos pasábamos los días enteros hablando y escribiendo un libro basado en mi antiguo diario.
Hasta el día que me liberaron en 1299 estuve narrándole mis viajes y mis aventuras y recordando los buenos momentos que pasé. El tiempo que pasé encerrado se me pasó volando. Cuando me liberaron, yo rápidamente busqué trabajo como mercader, porque lo había sido toda mi vida y mi padre y mi tío también. Gracias a eso me volví rico y me convertí en miembro del Gran Consejo de la República de Venecia. Un día mientras caminaba distraído casi me choqué con una mujer. Debía de ser muy hermosa si no fuera porque estaba llorando. Le pregunté su nombre y me lo dijo. Su nombre era Donata Badoer, y era una noble a la que su familia presionaba para casarse. Ese día lo pasamos juntos, la consolé y de ahí nació una bella historia de amor.
Me casé con ella, aunque perdió su rango al casarse conmigo, y tuve tres preciosas hijas: Fantina, Moreta y Belella. Juntos formamos una familia. Por las noches les contaba a mis hijas las aventuras de mis viajes. Ellas me miraban con los ojos muy abiertos y las bocas entreabiertas de la incredulidad. Con la inocencia de la niñez y la curiosidad siempre presente, me hacían todo tipo de preguntas sobre los lugares en los que había estado y sobre las personas que había conocido. Y yo siempre las contestaba como si de una historia fantástica se tratase.
Y aquí estoy ahora, en 1324, tumbado en mi cama rodeado de mis seres queridos, recordando las cosas por las que pasé. Como suelen decir, cuando estás a punto de morir, ves la vida pasar ante tus ojos. Una tos me sacude y cierro los ojos, respirando trabajosamente. Recuerdo aquel viaje de vuelta a Venecia en el que esquivamos a la muerte por muy poco. Y aunque allí logramos ver un nuevo día, sé que a todos nos llega nuestra hora, pero por extraño que suene no estoy asustado. Noto frío en mi mejilla y cuando abro los ojos la veo ante mí. Me sonríe y me dice que ya es mi turno, que tome su mano y que deje este mundo. Le devuelvo la sonrisa y tomo su mano, y en cuanto la toco una sensación de tranquilidad llena mi cuerpo. Mientras el frío se extiende y se nubla mi vista, veo allí a mis hijas. Quiero decirles que no lloren, que no se preocupen por mí, que yo estoy bien, pero no puedo. Así que lo último que veo, antes de que la oscuridad me envuelva con sus fríos brazos, es el rostro de las personas que más quiero.


lunes, 3 de diciembre de 2018

"La niebla"


Todos sabemos qué es la niebla o eso espero. Para el que no lo sepa es una acumulación de partículas de agua que al juntarse nos tapan la visión . A veces en esos días con niebla en los que hace frío me siento al lado de la ventana y me pregunto si me verá alguien desde el otro lado. ¿Nunca habéis vuelto de casa de algún amigo o amiga y tienes que pasar por un parque lleno de niebla y piensas que alguien te va a coger o algo así? Yo sí, y la verdad que me asusta hasta que se empieza a ver un poco más con claridad; ahí es cuando nos sentimos más seguros. Esa sensación de no haber estado viendo nada es muy incómodo ya que no ves, pero bueno, da gracias que ves tu móvil y un poco por dónde pisas, no nos vayamos a  caer y justo pasa alguien que te gusta y no solo tengas la sensación incómoda, sino que también demasiada vergüenza, y luego por el camino vayas pensando si se va a reír, si es que no se ha reído antes en tu cara. La niebla no solo la sentimos o la percibimos cuando la vemos, sino que se hace sentir en otras situaciones en las que no sabes qué pasará ya que no puedes ver el final.

"Tu promesa"


Te creí como una idiota. Me dijiste que ibas cambiar, y sinceramente no pienso que lo hagas.
Me has vuelto a mentir. Creo que se te volvieron a olvidar todas las promesas que me dijiste. Pero en especial una. La de no mentirme
¿Sabes qué? Te quise como a nadie y por eso soy idiota. Pensé que te podrías dar cuenta de a quién perdías. Pero en cambio no lo hiciste.
Conociste una parte de mí, que ni si quiera yo conozco.
Si te soy realmente sincera fuiste demasiado importante para mí.
Te he ayudado y apoyado en absolutamente todo. Pero cuando menos me lo espero, me das una palmadita en la espalda y  te vas corriendo.
¿Y realmente es así cómo me lo agradeces?
Creo que te conozco lo suficiente como para saber que no cambiarás. Espero que algún día te des un tortazo tan grande para que te des cuenta de cuanta gente se ha ido de tu vida.
Pero si te soy sincera, yo no me quise marchar y por eso volví una segunda vez a tu vida. Porque nunca me quise ir. Pero has sido tú el que me ha echado de tu vida.
Es mejor que no me acerque más, ya que si no me romperás en mil pedazos, si no estoy rota todavía.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

"Prólogo" de Giorgio Venturini


Adiós…

Un duro y lejano adiós, clavado en lo más profundo de mi corazón, una espina llena de veneno que sigue fluyendo latente y constante. Imposible de sacar, imposible de ignorar.

Lloros…

Cayendo en la cuneta, llena de barro, llena de soledad. Mis manos recubren mi cara, manchándola. Aunque no importa, ya nada importa.

Discusiones…

Agridulces, como las situaciones que vivíamos. Dejarte marchar, ése fue mi mayor error, las sonrisas que se reflejaban en nuestras caras y la bonita foto que capturé, eso me lo llevaré a la tumba.

Aislamiento…

Encerrado en mis pensamientos, sin opción a hablar con nadie, obligando a sacar los sentimientos más oscuros y escondidos de mi ser. Debilitándome aún más, física y psicológicamente.

Huidas…

Demasiadas han colmado mi vida, luchando con el último atisbo de energía por mi vida, siendo perseguido, maltrecho y herido, como a un fugitivo. Aunque ya no lucharé, tiré la toalla hace mucho.



lunes, 4 de junio de 2018

"Un día importante" de Fernando Teba


Que agusto se esta aquí, sobre todo ahora que los pesados de mis hermanos se han ido. Al principio pensé que volverían, pero ya han pasado 2 días y no lo han hecho, así que el nido es solo para mí, puedo tumbarme a mis anchas sin que nadie me moleste.
Sin embargo, desde que se fueron mis hermanos, mis padres no paran de decirme que me toca a mi, que yo tambíen me tengo que marchar, pero cada vez que me asomo al borde del nido me pongo malo. Esta altísimo y yo tengo vertigo, así que no pienso marcharme de aquí nunca. ¿Dónde voy a estar mejor? Tengo todo lo que necesito, cuando tengo hambre comienzo a piar y enseguida mis padres me traen algo para comer, si tengo sueño me tumbo y me duermo. Aquí no hace frío y mi madre limpia el nido todos los días.
¡Vaya! Ya esta mi padre otra vez en aquella rama mirandome con cara de enfado. Me ha dicho que de hoy no pasa. Que tengo que abandonar el nido. En fin, ya llevo varios dias haciento los ejercicios que me han enseñado y no parece tan difícil, ¡si no fuera por este maldito vertigo! Bueno habrá que superarlo. Además, mis plumas han crecido y me siento con fuerzas suficientes para intentarlo.
Me pongo en el filo del nido y comienzo a mover fuerte las alas, enseguida me levanto un poquito pero paro porque el miedo no me deja seguir. Vuelvo a intentarlo y esta vez lo controlo mejor y me siento mas seguro, lo que hace que el miedo empiece a desaparecer. Mis padres no paran de animarme y dicen que no lo hago mal para ser la primera vez. Mi madre se posa en una rama cerca del nido y me dice que intente ir volando hasta donde esta ella. Verla me da tranquilidad y comienzo a mover las alas con fuerza, sin apenas darme cuenta ya estoy a su lado. Ha sido estupendo. Mi madre se rie y me abraza, eso me da animos para intentarlo de nuevo, pero esta vez mi meta esta mas lejos. En pocos minutos estoy volando lejos del nido. Esto es maravilloso, es una sensación que no se puede describir. Me siento mayor y libre.
Mis hermanos, a los que creía que no volvería a ver, me estaban esperando para darme la enhorabuena y me han presentado a un montón de amigos con los que vamos a jugar y a hacer piruetas en el aire. Yo todavía no vuelo como ellos pero tengo la impresión de que esto se me va a dar bien porque aprendo rápido y me gusta mucho.
¡Me encanta volar!

"La peor experiencia de mi vida" de Fernando Teba



Normalmente salgo del colegio a la tres de la tarde y vuelvo a casa dando un paseo. Tardo cinco minutos y espero a mi madre haciendo la tarea. Pero ese día algo llegó antes que mi madre. Empecé a oír mucho ruido y de repente, una gran explosión y el grito desgarrador de una mujer me helaron la sangre. Me quedé unos segundos inmóvil pensando que podría haber pasado. Me dirigí a la ventana y apartando con mi mano temblorosa la cortina y asomando solo media cara, observé como la casa de enfrente se elevaba como si de magia se tratara. Noté un escalofrío recorriéndome la espalda y una sensación de impotencia, pero sobre todo preocupación por no saber donde estaba mi madre. Sin tiempo de reaccionar, los cristales de la ventana estallaron y una gran corriente de aire me lanzó contra la pared opuesta de mi habitación. Me quede unos instantes aturdido, casi sin conocimiento. Entonces oí que alguien gritaba mi nombre, miré en varias direcciones. Entonces vi a Tom, mi vecino, quien se percató de que estaba demasiado asustado para siquiera darme cuenta de que un trozo de cristal de la ventana atravesaba mi pierna.
Me llevó a su casa donde tenía un cuarto, que yo no conocía, en el había una escalera que parecía infinita. Bajamos por ella y descubrí un pequeño bunker que habian construido. ¡Allí estabamos seguros!
Pasado el peligro comencé a notar un intenso dolor en la pierna. Tom me extrajo con cuidado  el trozo de cristal que tenía clavado y me vendó la pierna con fuerza. El dolor no disminuyó pero dejó de sangrar. Le pregunté qué es lo que había pasado, por qué salió la casa volando, y él me explicó que era un tornado y que pasaría pronto, y así fué.
Pasados unos 30 minutos, que fueron los mas largos de mi vida, el ruido comenzó a disminuir y nos decidimos a salir del bunker. Todo estaba destrozado. Vimos casas destruidas, la mayoría de los tejados estaban rotos y habia varios coches amontonados al final de la calle.
Lo primero que hice fue llamar a mi madre. Por suerte, el teléfono funcionaba y enseguida lo cogió. Estaba muy preocupada por mi, al igual que yo por ella. Me contó que el tornado le había cogido en el supermercado y que bajaron rapidamente al parking que estaba en el sotano donde estuvieron seguros hasta que todo pasó.

viernes, 1 de junio de 2018

"Capitán América" de Isabel Juan Gamboa


A su país sirve
con rostro responsable
mi futuro marido
aunque él no lo sabe

Con escudo redondo
y mirada atenta
a los inocentes defiende
y a los malos revienta

Con traje ajustado
y espíritu valiente
siempre ha luchado
por defender a la gente

Me encanta Capitán América
como superhéroe y como actor
algún día lo sabrá

y no se resistirá

"Siria" de Isabel Juan Gamboa

Hoy en día, cuando la gente piensa en cristianos perseguidos lo primero que les viene a la cabeza es hace dos mil años, cuando los detenían y los metían en coliseos para formar parte de un espectáculo inhumano, donde eran devorados por leones y otros animales, mientras la gente aplaudía.
Pero la realidad es que también ahora en muchas partes del mundo, los cristianos sufren persecución.
Hace unos meses tuve una experiencia que no se me va a olvidar nunca. Fui a escuchar el testimonio de un cristiano sirio. No voy a decir todo lo que contó, porque quiero respetar su testimonio, pero sí puedo poner muchos ejemplos de lo que están sufriendo allí los cristianos. Se despiertan sin saber si ese va a ser su último día. Si van en autobús público, corren el peligro de que los terroristas le pueden parar, sacar a todos los cristianos de él y atarlos en al acto. Les desconectan el agua y la luz durante días. Lazar morteros en la calle y por las ventanas dentro de sus casas. Si salen están en peligro, porque hay francotiradores que les pueden disparar en cualquier momento. Muchos intentan cruzar la frontera para huir y la mayoría no llegan a conseguirlo, les matan.
Y a pesar de todo esto, no renuncian a sus creencias, los que van quedando siguen yendo a la iglesia todos los días. Viven en el terror, la crueldad y la intolerancia y no se rinden.
Busco la palabra tolerancia en el diccionario y pone “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias”.  Estoy totalmente de acuerdo con esto. La tolerancia es un valor cristiano. Lo curioso es que muchos de aquellos que lo piden, son los primeros que toleran el que alguien crea en Dios.
En Siria los matan y aquí los ridiculizan.
¿ Y vosotros qué pensáis?

La saga "Star Wars" de Carlos López

Star Wars es una saga de 9 películas. Actualmente se está realizando otra, pero no tiene q ver
con las demás porque es la historia de uno de los personajes.
Star Wars, como todas la películas, se creó de un libro, el cual no tuvo mucho éxito hasta que
se realizó las películas conocidas como la guerra de las galaxias a finales del siglo 20. A mi,
especialmente, me gusta mucho debido a que mezcla temas amorosos con acción y de
aventuras en una galaxia. Pero tiene algunos fallos que empeoran al número de seguidores. Un
ejemplo sería las espadas láser. Un sable de luz en la película provoca un gran número de bajas
y es capaz de desviar los disparos de los llamados blasters o pistolas láser. Esto, como bien
imaginamos, no es cierto. Si es verdad que se han creado sables láser, pero no es capaz de
desviar un láser como el de un puntero. Si corta, pero es incapaz de manejar con tanta
agilidad.
Quitando todos los fallos de la saga, es una de las películas con más seguidores y
visualizaciones. Y como bien he indicado al principio, me gustan mucho las películas de este
tipo, y siempre que veo una de estas películas deseo ver la siguiente inmediatamente debido a
su adicción y gran capacidad de arrastrar al receptor.

"El libro sin retorno (Final) " de Carlos López



Después de una persecución trepidante, vieron unas huellas adentrase en una cueva; presos del pánico decidieron parar un momento para tranquilizarse. 
Alan, que tenía práctica como scout en supervivencia, organizó a todos. 
Dan tendría que preparar una hoguera para poder pasar allí la noche, no perdían la esperanza de encontrar vivo a Kaneki. 

El explorador les dijo que la única solución para encontrarle con vida, estaba entre las páginas del libro de La Montaña Maldita que habían estado leyendo. 

Alan no tenía muy claro que la única solución podía estar en las páginas de un libro que les había dado tantos problemas y tenía miedo que si la historia se volvía trágica, irremediablemente se iban a ver presos de una situación que ya estaba escrita en aquel libro. 

Finalmente decidieron leerlo. 

Como si fuera una pesadilla, el libro hablaba de un explorador perdido y nuevamente los sonidos parecían salir del libro y rodearles; la tarde rápidamente se tiñó de gris oscuro y la oscuridad de la noche les rodeó rápidamente. El viento era cada vez más fuerte, como en la historia del libro. 

La historia continuó con el explorador buscando a la bestia en la cueva de la Montaña Maldita, sólo había una forma de terminar con la bestia: tenían que coger unas semillas de unas enredaderas que estaban en la entrada de la cueva, y hacérselas comer, entonces la bestia desaparecería para siempre. 

Cerraron el libro y fueron corriendo a buscar esas plantas que estaban en la entrada de la cueva, enredándose por todo lo que estaba alrededor, tenían grandes espinas y no era sencillo hacerse con las semillas, pero entre todos lo consiguieron. 

Ahora sólo quedaba lo más difícil. ¿ Cómo conseguirían que la bestia se comiera las semillas? Entraron en la cueva con la antorcha, cada paso que daban era un paso menos para llegar a la guarida de la bestia, el corazón les latía fuertemente, pero su deseo de encontrar a Kaneki era más fuerte que el miedo. 

La bestia estaba dormida y Kaneki, malherido, muy cerca. Le hicieron señales para que no hiciera ruido. Entonces el explorador, como si ya hubiera estado allí antes, se acercó sigilosamente y con mucho cuidado le puso las semillas en la boca a la bestia. 

Entonces ésta abrió los ojos, se puso en pie y aulló como si estuviera herida de muerte. Se desplomó y a la vez desapareció, pero también desapareció el explorador y el libro. 
Los tres amigos se abrazaron y vieron maravillados como Kaneki no tenía ni un rasguño. Decidieron que nunca contarían su aventura y que ese sería su gran secreto. 
Cuando se marcharon del bosque, a lo lejos vieron en otro árbol una mochila igual que la que ellos habían descolgado. Se miraron, sonrieron y salieron rápido de aquel bosque encantado que les había hecho pasar la aventura más increíble de toda su vida. 

FIN.