viernes, 4 de octubre de 2013

"7 de septiembre" de Mireia Rocas


7 de septiembre:
Lunes, nueve de la mañana. Me sitúo en mi pupitre como cada día. Miss Fredy se levanta a leer una hoja que tenía junto al montón de sus papeles y dice: Queridos alumnos hoy tendré el placer de presentaros a un nuevo compañero,  proveniente de fuera; su nombre es James Dick. En ese momento se abrió la puerta y ahí estaba, obra de un fruto divino, aquel héroe de cualquier película, era todo con lo que una podía soñar: ojos caramelo, piel morena, una mirada que atravesaba las cuatro paredes de la sala , el silencio se hizo en la clase.
Se sentó junto al pupitre al lado de la ventana; pasé toda la hora pensando en aquel chico de rostro cálido. Miles de preguntas rondaron por mi cabeza aquel siete de septiembre, pero la más inquietante era: ¿quién era  aquel James Dick, que se escondía detrás de ese rostro apasionante?
Hacía frío, las lluvias golpeaban fuertemente el cristal; quedé mirando largo rato la ventana. Él miraba aquella escena de otoño, yo me dedicaba a mirarle a él; pasaban los días. Se sentó junto a mi, y me contó que provenía de una parte de Holanda poco conocida. Charlamos un rato y decidimos quedar a tomar café. Los meses pasaban y cada vez eramos inseparables. Todas las noches recibía un mensaje suyo, que me hacía sonreír. Él todavía no lo sabía pero yo moría por tenerle entre mis brazos, querría escuchar sus buenas noches en mi cama, sus besos en mis labios, sus manos recorriendo mi espalda, se oía nuestro tema en la radio, así como El siete de septiembre. Iba cada noche a nuestro bar, tomaba lo de siempre, algo que me hiciese olvidar aquello que tenía pero a la vez carecía. Era su pequeña, pero él me hacía grande con todos esos momentos vividos. Él me quiere y yo también pero mi segunda pregunta es: ¿Algún día me querrá de la manera que  le quiero yo?

"No siento las piernas" de Inés García


No siento las piernas. El corazón me late tan deprisa que su pulso es un zumbido en mis oídos. Siento que mis pies se mueven, pero no por orden mía. No puedo respirar, noto una presión en el pecho que hace que no pueda inhalar, por lo que jadeo, y eso me consume más energía. La cuesta es muy empinada, y por más que lo intento nunca llego a la cima. Una voz de hombre severa, enfadada, me exige que siga hacia adelante.
Mas no me rindo. Entre jadeo y jadeo pienso que debo seguir, que no puedo tirar la toalla. En el camino hay una chinita que me hace tropezar. Me caigo, pero me pongo lo más rápido que puedo con las fuerzas que me quedan en pie. Lo veo todo borroso. Continúo corriendo a tientas.
Ya no siento nada. EL corazón, la respiración, el calor, todo lo percibo como si fuera un sueño, y me maravillo ante esta sensación. Me distraigo y vuelvo a caerme. El asfalto arde por el sol que lo ha calentado durante todo el día. Apoyo las manos en el suelo, después las rodillas y consigo ponerme en pie.

La boca me sabe a sangre, y me pregunto: “¿Qué estoy haciendo?”. No entiendo por qué me he estado esforzando tanto. Paro. Me encuentro mareada, todo me da vueltas. Subo la cabeza y veo a ese hombre gordo, que subió la cuesta en moto y no entiende qué me pasa y me grita una última cosa antes de alejarse. Débil. Tú no sirves. Esas palabras caen en mí como un mazo. Cierro los ojos y todo es blanco. No soy consciente del ruido del motor del vehículo, que me deja sola en una carretera fantasma.

"Extraño en mi ventana. Parte final" de Salo Madroñal


Estaba allí, a las cuatro y media y él apareció. Cuando le vi, no podía creer lo que estaba viendo. Era Ronald, el mejor amigo del jugador de fútbol de mi clase. No era quien yo creía pero tampoco era feo, era bastante mono. Al principio estaba un poco distante, como frío, y no se mostró como el chico cariñoso y misterioso que me había enviado aquella nota en la que decía cosas muy bonitas. Cuando la hora de irme se acercaba, tuve que ser franca con él:
   -Lo siento Ronald, me pareces genial pero es que tú a mi me gustas solo como un      amigo y nada más.
De repente una sonrisa se reflejó en su cara, como si me intentase expresar alivio con disimulo, lo que me pareció bastante raro.
Era, por fin, viernes y las primeras horas de la mañana se me hicieron más amenas de lo habitual ya que no podía pensar la cara de alivio que había puesto Ronald al rechazarle y el timbre sonó. La semana más rara de mi vida había pasado y, sin saber como, el fin de semana lo sería aún mucho más.
Esa sombra extraña volvió a aparecer en mi ventana y, en cuanto la vi, salí al balcón para llamarla. Esta vez sabía que quien era y, al llamarle, no contestó. Echó a correr y, de la nada, una nueva nota apareció:
-         Siento no haber asistido a nuestro encuentro en el comedor, pero te prometo pequeña que mañana apareceré  en tu balcón de nuevo, pero esta vez a la luz del sol que tú eclipsas. Te espero, tu amado.
En cuanto leí la nota, todo cobró sentido. Ya me parecía a mi bastante raro la cara de alivio de Ronald. ÉL NO ERA. Y entonces, ¿quién era?
La hora ya llegaba, era sábado y él apareció. Recién peinado, con la cara bien lavada y un conjunto bastante mono. La distancia que nos separaba no me permitía ver con detalle quien era pero parecía una buena pieza.
Según avanzaban los minutos, más cerca de mí estaba y mejor se le veía. Llegó un punto en el que podía distinguirle perfectamente y… ¡NO ME LO PODÍA CREER!
El jugador de fútbol más guapo de mi clase estaba en frente de mí, quieto y un poco colorado. Me dio un abrazo y me pidió perdón por haber enviado a su amigo porque le daba vergüenza. Yo le disculpé y dimos un largo paseo por el parque más cercano. La verdad es que la tarde fue espectacular y tuvo el mejor final. Un beso muy dulce, tan dulce que daba la sensación de estar soñando. Después nos despedimos.
El lunes le estuve esperando y, su amigo Ronald me dijo que, hacía un par de semanas, a su padre le habían destinado y que rea probable que no le volviera a ver en dos años. También me contó que su última tarde aquí la pasó conmigo y le comentó que había sido la más especial de su vida.

domingo, 29 de septiembre de 2013

"La pluma" de Belén de Sebastián


Era una noche como otra cualquiera. Yo estaba en el apartamento de la playa preparándome para salir con mis amigos de fiesta, a dar una vuelta. Pero este año no era como los otros, este año había uno nuevo en el grupo, era alto, rubio, ojos azules, simpático, el chico perfecto. Cuando me quise dar cuenta me había enamorado de él. Cuando le veía me temblaban las piernas el corazón me daba brincos, parecía que quería salirse de mi pecho, los ojos se me iluminaban, todo era tan bonito... Hasta que llegó la última semana de playa, en la que si no hacías algo te podrías llegar a arrepentir toda tu vida. Pues ahí estábamos, todos los del grupo sentados en la orilla del mar recordando viejos veranos en ese mismo sitio. Entonces llegó él, se sentó a mi lado y me dijo que este verano había sido el mejor, que todo había cambiado y que se había dado cuenta de que se había enamorado de mí; en ese instante no sabía cómo reaccionar. Me pidió empezar una relación y le dije que sí. Cuando llegamos a Madrid, todo era igual; quedábamos, nos queríamos. Una noche él me regaló una pluma, y me dijo que cada vez que viese esa pluma que me acordase de el. Esa misma noche discutimos, y yo le di la pluma. Al día siguiente había colegio y él no vino a clase ni el lunes, ni el martes, no había noticias de él. El miércoles vinieron unos policías a mi clase diciendo que querían darme una mala noticia: Ángel había muerto; también me dieron otra cosa, era un sobre con mi nombre. Y una frase que decía Sin ti no soy nada, te lo dije. Cuando terminé de leer la nota, vi la pluma sobresalir de aquel sobre, sí, nuestra pluma. Dejé caer el sobre al suelo mientras mis lágrimas también lo hacían.

"Mi corazón sigue latiendo" de Belén de Sebastián


Todo pasa por alguna razón. El corazón se cansa de latir, por eso algún día moriremos; un payaso se cansa de hacer risa, por eso algún día tendrá un momento triste; el móvil se casa de estar todo el día funcionando, por ello, algún día se estropeará (al igual que una lavadora, un frigorífico..) Todo , sí, todo. Él se cansó de siempre la misma rutina, por eso terminó con la historia, esa historia en la que eramos ''NOSOTROS'' y ahora termino en dos completos desconocidos. Todo a su lado, era la historia de amor que siempre necesita una mujer, (aunque después de algo bonito siempre llega una decepción). Los dos sentían algo grande, ella por el y el por ella. Era de película, (sé que dura dos horas, pero era igual de bonito) eramos inseparables. Él la quería y la trataba como a un princesa, ella a él no le demostraba mucho, pero sentía tanto por él, que ni con la mínima palabra podría expresarlo. Cada momento que pasaban juntos, se enamoraban más. Ella era celosa, mucho quizás, pero si por algo lo era, era porque no quería perder a la persona más importante en su vida. Él se cansó, de siempre estar haciendo lo mismo, quizás empezó a sentir cosas por otra chica, o simplemente quizás ya no le quería. Él terminó con toda esa pequeña gran historia. Todo en un momento se volvió gris para ella , todo a su lado era perfecto, ahora nada es lo que era antes. Ya no son mejores amigos quizás. Ya no hay esa confianza que tenían antes. Todo desapareció con una simple y corta frase: "Te prefiero como amiga". Ella lloraba días tras día, noche tras noche. Era diferente para ella, aunque con sus amigas fuera fuerte, al llegar la noche se destruía y lloraba. Tenia su corazón roto, todos esos sueños que decían que iba a acabar la historia, ocurrió. Se lo imaginaba pero no sabía cómo aceptarlo. No se acostumbraba a vivir sin él, hacía de tripas corazón cada vez que le veía.. pero aún así ella sigue intentando ser fuerte, y sonreír, porque la vida aquí no acaba. Volverá a construir otra historia al lado de otra persona que le sepa valorar. Ella le quería.. y lo sigue haciendo.

"Amor eterno" de Belén de Sebastián


Era una mañana gris y muy agitada, eran ya cerca de las 8:15 cuando un hombre mayor, que ya pasaría los 80 años, llegó al hospital para que le retiraran unos puntos que tenía en la mano de una pequeña herida. El hombre preguntó si era posible que le atendieran pronto ya que estaba apurado porque tenía una cita a las 9:00.
Le eché un vistazo a la herida y le pedí que se sentara mientras acababa con otro paciente. Cuando finalicé y regresé a la sala de espera le ví inquieto mirando su reloj, así que decidí pasarle a la consulta antes de que llegara el siguiente paciente. Durante el examen comprobé que la herida estaba perfectamente curada así que comencé a quitarle las suturas y, mientras lo hacía, le pregunté si tenía otra cita médica esa misma mañana ya que lo veía muy apurado.
El hombre me dijo que no, que necesitaba acudir al geriátrico para desayunar con su esposa, ya que siempre desayunaban juntos a las 9:00. Cuando me dijo que estaba en un geriátrico lo primero que pensé es que tal vez su esposa requería supervisión médica y le pregunté por la salud de ella.
Él me respondió que ella estaba en el geriátrico hacía tiempo ya que padecía Alzheimer.
Cuando me dijo eso le pregunté si ella se enfadaría con él si llegaba un poco tarde a su cita y él me respondió que ella ya no sabía quien era él. Hacía más de cinco años que ella ya no podía reconocerle.
Me sorprendió esta respuesta y entonces de nuevo le pregunté: ¿ Y aún así sigue acudiendo cada mañana a la misma hora aún cuando ella ya no sabe quien es usted?
El sonrió, de forma compasiva me acarició la manó y me contestó: Tal vez ella no sepa quien soy yo, pero yo aún sé quien es ella.
Se me erizó la piel y no pude contener las lágrimas. Mientras le veía salir por la puerta del hospital pensé: Ese es el tipo de amor que quiero en mi vida.

viernes, 27 de septiembre de 2013

"Finales" de Celia Álvarez

¿Qué es un final? ¿Qué significan esas cinco letras que a veces tanto pueden asustar o desconcertar?
Pueden representar la última página de un buen libro o la última escena de una maravillosa película. A nadie le gustan los finales tristes en estos casos, porque muere un personaje que apreciábamos, porque la historia de amor podría haber terminado mejor o porque el antagonista logra una victoria que no merecía, entre muchos otros finales desoladores. Sin embargo, a veces desechamos los finales felices por ser tópicos y predecibles, echando en falta una hermosa moraleja o un detalle emotivo que ensalce el final.
Pero, ¿qué ocurre al hablar de los finales que influyen en nuestras vidas? Una despedida, un cambio transcendental, el fin de una etapa… en estas circunstancias, directamente, no queremos que ni siquiera lleguen. Tendemos a ponernos en lo peor y a retrasarlo. Por suerte, al llegar cada conclusión, suele ser algo más inesperado.

¿Una conclusión? Aceptemos los finales, sean como sean, porque son sinónimo de que empieza algo mucho mejor o de que hemos cumplido nuestros propósitos. No debemos esperar el final más feliz, sino el mejor, el que nos enseñe y no se pierda en el tiempo.

"Más allá" de Celia Álvarez

No es algo material y sin embargo, permite crear cualquier cosa. Puede parecer absurdo, incluso infantil, pero habitualmente es una válvula de escape, una puerta trasera por la que podemos huir temporalmente de la realidad. Este recurso, que no conoce límites, es capaz de hacernos viajar más allá del tiempo y del espacio, de crear hermosas historias y ensalzar sueños, y lo que resulta más útil, hacernos olvidar el estrés, los agobios, los problemas… A veces, nos dará una solución que anhelamos en secreto; en otras, podremos conseguir algo de calma y, más a menudo, perderemos parte de ese insistente aburrimiento.
No puede ofrecer objetos físicos y habrá quien te diga que no sirve, que es solo una quimera engañosa. En esos momentos, recuerda que es un método con el que grandes mentes humanas obtuvieron algunos de sus mejores logros. ¿Quién dice que tú no conseguirás lo mismo? Todo es cuestión de querer trabajarla, de dejarse de llevar y de intentar crear tus propios universos y explorarlos a fondo.

En una palabra: imaginación. Nadie te la podrá robar ni forzarte a dejar de usarla. Con ella llegarás más lejos, más allá que cualquiera.

"Extraño en la ventana. Parte 2" de Salo Madroñal

Después de no haber dormido aquella noche, me vestí, me cepillé el pelo y bajé a desayunar. Mi madre me había hecho una tostada de mermelada de fresa y  me había preparado un vaso de leche caliente. Ella ya se había ido a trabajar, lo que me permitía hacer de detective por mi patio para buscar algún tipo de de huella y allí estaba, una huella perfecta de deportiva. Lo malo es que, en mi instituto, todos los chicos llevaban deportivas pero, las que estaban en mi jardín, eran de la marca “Asics”.
Sólo cinco chicos de mi clase llevaban esta marca de zapatillas y así fue más fácil encontrar al chico que estuvo ayer en mi casa. De momento solo sabía que quien me estaba mirando ayer por la noche era un chico y que, seguramente, era de mi clase.
Cuando las clases se acabaron, me marché a casa y mientras paseaba, imaginé que sería el futbolista más guapo de mi clase que solía llevar “Asics”. En aquel momento, me ilusioné; dicha ilusión me salía por los poros y mi corazón iba a mil por hora.
Aquella misma, noche ocurrió lo mismo: los ruidos en los arbustos, la sombra frente a mi ventana pero, esta vez justo al golpe de la ventana, apareció una nota,
Me sorprendí un poco y empecé a leer la nota:
-  Mi amor, todos los días pienso en ti. Solo con verte sé que pronto estaremos juntos.
Mi princesa, te espero mañana en la puerta del comedor a las cuatro y media. No faltes. Me veras muy pronto,
Tu amado.

Empecé a asustarme por momentos y, cuando me asomé, ya no estaba. Al día siguiente, salí del instituto a las dos y cuarto. Este horario me permitía arreglarme un poco para ver a esa persona que se había enamorado de mi y así ver si a mi también me gustaba.
Llegó la hora, y allí estaba yo, con mi vestido de Zara y me maquillaje perfecto y…
¡No me lo podía creer! ¿Qué hacía él aquí y cómo podía estar enamorado de mí?

sábado, 21 de septiembre de 2013

"Extraño en la ventana" de Salo Madroñal


Era una oscura y fría noche de invierno. Mientras el dulce olor a pollo asado llegaba a mi habitación, observé algo bastante extraño. A lo lejos, los arbustos de mi increíble patio empezaron a moverse y una larga sombra apareció frente a mi ventana. En ese preciso momento, mi madre de me dijo que la cena ya estaba lista y que la familia Ramírez ya había llegado.
Bajé lo más rápido posible, saludé a los invitados y esperé a que se fueran para volver a asomarme a la gran ventana de mi habitación. Desde ella puede observar que detrás de los arbustos no había nada, ni una sola alma a la que culpar por mi nerviosismo. Decidí tomar una taza de chocolate caliente como hacía desde que tengo memoria. Subí y me senté en la cama.
Una piedra rebotó contra el cristal de mi venta. Asustada, me levanté de mi cama lentamente y me dispuse a salir al balcón para ver qué o quién había lanzado esa piedra.
Para mi sorpresa, enfrente de mi había alguien y, por la forma de su sombra, era la misma persona que había estado un par de horas antes frente a mí.
Mi madre entró en mi cuarto y me pidió que cerrase la ventana y que me acostara. Cuando se fue, me volví a asomar y esa persona ya no estaba. ¿Quién sería? Y sobre todo… ¿Qué hacía en el largo jardín de mi casa?
Estas preguntas me llevaron a pensar otras muchas más. Lo que impidió que aquella noche durmiese.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

"Oscura realidad" de Inés García

Salí a la calle y estaba sola. Miré el reloj. Marcaba las dos de la tarde y la última vez que vi a mis padres fue ayer por la mañana, cuando se marchaban a la oficina. Mi hermano y yo nos fuimos a la cama tranquilos, sabiendo que podía haber ocurrido un atasco en la autovía y por eso nuestros padres se retrasaban.
Esta mañana todavía estaban fuera, y mi hermano se empezó a preocupar. “Puede que estén en un viaje de negocios y no les hallamos escuchado cuando lo dijeron”, le contesté yo, quizás porque no quería creer que les había pasado algo, aunque sabía que la ropa y los cepillos de dientes estaban en su sitio. Intenté llamarles al móvil, pero la línea estaba ocupada.
No había comida en el frigorífico, tan solo un bote de mayonesa, así que esperamos a que llamasen o a que llegasen a casa, no estoy segura de por qué esperé tanto tiempo para irme al supermercado.
Era extraño que no hubiese gente en la calle a esta hora, sobre todo tratándose de la calle Miguel Moya, tan cerca de la Gran Vía. Cuando llegué al supermercado, vi que estaba abierto, pero que no había nadie, ni siquiera el cajero.
En ese momento tuve un mal presentimiento y corrí a casa. Grité el nombre de mi hermano, le pregunté dónde se escondía, que por qué me gastaba estas bromas. Pero nadie me contestó.
Cuando di por sentado que estaba sola en casa y tenía la garganta destrozada, quise beber un vaso de agua, pero no había agua corriente. Todo esto era muy raro. A lo mejor me había vuelto loca. A lo mejor esto era un mal sueño, muy vívido, y solo tenía que esperar a despertarme. En cuyo caso podía pasear un poco por las calles de Madrid y disfrutar del silencio.
En la terraza del bar de la esquina, un café y una galleta a medio comer contemplaban el vacío de la ciudad. Cuando entré en el bar no había nadie. Se me ocurrió que podía probar la capacidad de mi subconsciente explorando la cocina. Cogí un paquete de patatillas para matar el hambre y una Coca-Cola de la despensa. Cuando decidí irme a otro lugar menos aburrido, vi una persona en la barra. Me acerqué al desconocido, y cuando miré a sus ojos pude ver como en un espejo mi propio miedo y ansiedad.

Me di cuenta de que esto no era una pesadilla. Era la realidad. Y no volvería a ver a mi hermano, ni a mis amigas, ni a mi familia. Sentí que el suelo se acercaba peligrosamente rápido hacia mi cara, y aunque los brazos del hombre me sostuvieron, todo se volvió oscuro.

"Recuerdos" de Teresa Armesto

Viernes 17 de julio de 1936:
Aquella tarde salí de la escuela y le vi, con sus pantalones de cuadros, su camisa azul un tanto desteñida y su pelo engominado. Me esperaba junto a su vieja bicicleta. Fuimos a pasear por el Retiro, buscando el frescor de la tarde bajo aquellos robustos árboles. Mi corazón latía con fuerza mientras él me agarraba la mano. Empezó a caer la noche, y Marcos me acompañó a casa. La inseguridad en las calles de Madrid aumentaba debido a las numerosas revueltas de las últimas semanas. En el portal, Marcos me invitó a cenar con él la noche del 18 de julio. Muy entusiasmada me acosté pensando en él, y el todo lo que me esperaría al día siguiente.
El canto de los pájaros me despertó aquella calurosa mañana. Empecé  los preparativos, elegí un vestido blanco, me arreglé el pelo, las uñas… Mientras tanto la idea de volver a ver a Marcos permanecía en mi cabeza.
 Marcos era de Madrid, como yo. Desde pequeños pasábamos el día juntos en el parque o tomando helados mientras él me contaba hazañas de su padre que era piloto. A medida que pasaron los años, Marcos y yo nos hicimos inseparables. Todos los días venía a buscarme al colegio, y me acompañaba a casa con su vieja bicicleta. Y así día tras día.
Cuando cayó la tarde, por la radio se escucharos las primeras noticias de un posible golpe de estado. Yo no le di ninguna importancia, lo único en lo que pensaba era en Marcos y en la cena a la que me había invitado esa noche. Era nuestra primera cena juntos. En cuestión de segundos, numerosos bombardeos y disparos de empezaron a adueñar de Madrid. Los militares iban reclutando a los ciudadanos ya que se necesitaban soldados, hasta que llegó el turno de Marcos. Nunca más le volví a ver. Mi corazón quedo roto y una profunda tristeza se apodero de mí, acompañándome durante años. Mi familia fue evacuada a Valencia donde vivimos los duros años de la guerra en los que no pude dejar de pensar en Marcos.

Han pasado treinta años desde entonces. He vuelto a Madrid. Todos esos recuerdos me atormentan mientras paseo por las calles. Sin darme cuenta estoy delante de la que fue mi casa. Miro en todas direcciones buscándole, y entonces le encuentro. Con sus pantalones de cuadros, su camisa azul un tanto desteñida y su pelo engominado con la raya al lado, me espera junto a su vieja bicicleta.

"Lágrimas de valor" de Mireia Rocas

Mi melena pelirroja se mueve por la carretera de Madrid, mis pensamientos se desvían a mil imágenes que viví, una etapa dura en las calles de Madrid, donde quererte era sobrevivir; si desde que te fuiste todo ha cambiado, nuestros bares se han apagado, a la navidad le faltó alegría, dos turrones y tu gran melancolía. Me volví una suicida de tu recuerdo permanente, parecía como si todavía estuvieras  presente. Tengo en mi mente tus dibujos guardados, la sexta sinfonía de una pieza que no se ha tocado, tus viejas partituras y tu piano de regalo; fumo tus recuerdos con la base de Mecano. Es un querer tenerte y no estar a mi lado; llevo miles de rosas a nuestro sitio encantado, me acuerdo todavía de tu adictiva melodía, esa que cantabas cuando apenas te oía. Tengo grabado a fuego todos tus lamentos, todas esas palabras que se las llevó el viento,  aquellas señales de Madrid que me indicaban  el camino hacía ti. Voy a mil kilómetros por hora en  la carretera de Valladolid, me marcho por un tiempo, me despido de mi queridísimo  Madrid, me alejo de la ciudad, sin mirar atrás. Una lágrima de valentía empaña mi cristal.

lunes, 16 de septiembre de 2013

"Algo simple" de Celia Álvarez

Es algo simple y real, capaz de sorprendernos y robarnos nuestra atención, además de obligarnos a olvidar algo tan trivial como lo es, en ocasiones, el tiempo. Lo curioso de esto es la poca frecuencia con la que nos detenemos a contemplar algunos de sus prodigios. Vivimos tan absortos en nuestras vidas que abandonamos este juego de luces y blancos que ofrece a diario.
Alzo la mirada en la luz y contemplo sus fantasmas, que me proponen un acertijo: averiguar qué son, en distintas ocasiones. Acepto a entrar en su juego y empiezo a divagar en busca de la mejor respuesta. Mientras, ellos se burlan de mí, cambiando lentamente de forma, hasta que se cansan y desaparecen.
En las tinieblas, nos ofrece otra maravilla. Un mar de luces puras que no nos abandonan en la más grande de las oscuridades. Sin embargo, no están solas. La reina, reflejo del rey, se corona como la luz más poderosa.
Nadie diría que algo tan habitual como el cielo, pudiera ser tan singular y absorbente. No estaría de menos mirar arriba de vez en cuando. 

"Amor eterno" de Mireia Rocas

Camino hacia un lugar perdido, allí donde los pájaros no vuelan y los niños no juegan, allí donde el verano pasa y las nubes no levantan, donde el mínimo signo de vida es algo por lo  que mataría. Me refugio entre las líneas del anonimato porque sino tenderé a imaginar tu retrato, y si me voy no es porque no te quiera, es porque esta vida me supera, tantos cómos sin porqués, tantos te quiero volver a ver , acabaron conmigo; un adiós es lo que te  digo , porque mucho he pasado por haberte amado. Derramé todos mis sueños por ti, me pintaste una vida que nunca viví, y ahora que la soledad me acompaña te cuento todas estas tristes hazañas , porque pequé ante el cielo por tu sonrisa y ahora no me acompañas ni en esta mínima brisa. Escalé el Everest en busca de respuestas y lo único que obtuve es tu mera coincidencia; escalábamos la misma cima pero cada uno seguía su rutina, soñaba con que tus manos frías me rozaran, estúpida yo, porque eso no pasaba, miles de kilómetros de altura nos separaban aunque mi idea era que durmiéramos en la misma cabaña. De repente, nuestras miradas se cruzaron, todo el Everest se había callado, tus ojos azules reflejaban mi cara; aquella que por miedo permanecía callada. Todos mis pensamientos deseaban salir pero mi propio orgullo no lo podía permitir; tanto tiempo esperando este momento , contarte que te quiero y que todavía te espero. He llegado a la cumbre más alta allí donde la Nasa avanza,  donde el peligro aumenta, donde mi cuerpo se lamenta. He buscado a la soledad con el fin de olvidarte y diez mil kilómetros de nieve me han hecho encontrarte . Todo este tiempo mi corazón ha estado latiendo por un único pensamiento, por eso no dudo en decirte “ Te quiero” . Te acercas tartamudeando sin poder decir nada, igual que mi mirada un tanto ilusionada. Beso tus labios intensamente creando heridas permanentes; muerdes mi boca susurrando  y en silencio, y yo te repito yo a ti siempre te espero; me coges de la mano y me dices te amo. El Everest proclama que lo nuestro no ha acabado.