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domingo, 23 de febrero de 2014

"La campana" de Alba Bravo


Solo quedaban 5 minutos para que sonase la campana que indicaba la libertad. El verano comenzaba en 5 minutos y a todos ésta última hora se nos estaba haciendo eterna. Nuestros pensamientos estaban en otro lugar, en como sería este verano, en los planes y las risas con nuestros amigos. Pensando en estas cosas sonó la campana.
 Me dirigí a mi casa, esta tarde iba a quedar con Alex y estaba muy nerviosa, todo tenía que ser perfecto. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento. Ya estaba ya muy cerca del cruce de mi casa cuando una voz muy conocida, la de Lucía, me llamó. En ese momento me di la vuelta, todo paso muy rápido. Sentí un dolor muy intenso en todo mi cuerpo, todo estaba rojo y escuchaba muchas voces y sirenas.
 Cuando me desperté tenía un recuerdo borroso. Sentía que la cabeza me iba a estallar y unos barbaridad tubos estaban conectados desde mi cuerpo hacia varias máquinas. Poco a poco dejé de ver borroso y vi donde estaba. Tumbada en una cama de sábanas blancas, entre cuatro paredes blancas y con un intenso olor a farmacia. Pocos minutos más tarde entró mi madre a la habitación con un rostro muy apenado, en los ojos se le notaba que había estado llorando bastante.
 Y así, mirando por esta ventana, disfruté de mi último verano. Rodeada de mi familia y en una triste habitación de hospital, nada parecido a todas esas ilusiones que me había hecho antes de que sonase la campana.

"La broma" de Alba Bravo


Estaba en casa de mis padres, y tenía que cuidar de Luisito, mi hermano pequeño. Iba a ser una noche tranquila, o eso creía. 
Cuando estoy a punto de dormirme escucho un grito que viene de la habitación de  Luisito, no le doy mucha importancia, hasta que vuelve a gritar con mucha más fuerza. Subo corriendo los escalones atropelladamente. Cuando llego a la habitación retiro las sábanas y me quedo en blanco. Mi hermano no está, me doy la vuelta y la ventana está abierta. Se me ocurren varias opciones:
Luisito se ha escapado de casa, aunque no lo creo, teniendo en cuenta que tiene 6 años y no puede ser eso ya que le da miedo cruzar solo la carretera.
La otra opción la cual no me gusta nada, es que lo hayan secuestrado.
Tardo un par de segundos en reaccionar. Salgo al jardín, son las doce y Jimena ya tiene que estar en su habitación. Jimena es mi vecina y mi mejor amiga. Lanzo unas cuantas piedras a su ventana, a la tercera ya estaba Jimena abriendo la ventana, aun así sigo lanzándole piedras para que se de más prisa. Saca la cabeza por la ventana y me dice:
 
 -Me has despertado, ¿qué pasa?
 -Luisito- Es lo único que me sale de la boca.
 -Explícate- Me dice.
 -Luisito... ha desaparecido... he oído unos gritos... y...- No puedo explicarle nada mas, rápidamente me derrumbo.
 -Espera un momento que bajo. No llores, ¿eh?- Antes de que pudiese responder ya había desaparecido de la ventana.
 
A los pocos segundos ya tengo a Jimena llamando a mi puerta. Abro y me da un abrazo que me ayuda a tranquilizarme. Después de desechar varios planes catastróficos, decidimos que lo mejor es llamar a mis padres, al fin y al cabo yo no tengo la culpa. A los tres pitidos contesta mi padre y le cuento todo le que ha pasado y cuando llego a la parte del secuestro pasa algo que nunca me hubiese imaginado, mis padres se empiezan a reír. No entiendo nada, ¿cómo pueden reírse en una situación como esta? Les digo que esto no tiene ninguna gracia y me explican que todo era una broma para saber si sabia actuar correctamente en casos de emergencia y que había superado la prueba llamándoles. Al final nos reímos todos juntos, aunque yo exijo un aumento de paga. No me dan lo suficiente por estas bromas.

jueves, 6 de febrero de 2014

"La última palabra. Parte 5" de Celia Álvarez

Cierto día, estaba con Rose en mi habitación del edificio. De pronto escuchamos un alboroto en el pasillo. Parecía como si alguien estuviera corriendo con desesperación y otra persona había dejado escapar un chillido de verdadero horror. Salimos de la habitación y caminamos con precaución. El pasillo estaba vacío. Ni un alma ¿A qué se debía el ruido?
Fuimos al despacho provisional de Sarah. Al llegar al umbral de la puerta, Rose ahogó un grito y yo fui incapaz de reaccionar. En el despacho de Sarah, había tres personas: ella, que sostenía una pistola; un joven del campamento tendido en el suelo y sobre un charco de sangre y un hombre de mediana edad, con una mirada un tanto psicótica. También portaba un arma.
Al vernos llegar ambos nos miraron, Sarah con lástima y el extraño con un gesto macabro de alegría.
-Los mantenías bien escondidos, ¿no, Sarah?
Ella no contestó. Se limitó a sujetar con más fuerza el arma y a seguir apuntando al desconocido.
-Aléjese de ellos.
Él la ignoró y se centró en nosotros.
-Los excepcionales… ¿Sabéis por qué?
No respondimos. Aquel hombre resultaba inquietante.
-Bueno, me presentaré. Soy Malcolm Pierce, algo así como el Primer Ministro, aunque en estos tiempos que corren, quién sabe. Y vosotros -dijo, señalándonos-, sois los excepcionales. Las personas que no pueden ser controladas por nuestras máquinas. Vosotros, sois los únicos humanos capaces de ocultar secretos y…
Sarah le golpeó con la pistola y se abalanzó sobre él, mientras nos ordenaba que corriésemos. Me supo muy mal dejarla, pero si nos decía que huyéramos, era porque había un buen motivo.

En el exterior, también estaba sumido en el caos. Había militares armados y gente asustada y corriendo de un lado a otro. No obstante, entre aquel alboroto, Rose y yo, pudimos encontrar a Catherine. Tenía una pequeña herida en la cabeza y parecía cansada. Aun así, fue capaz de ponernos al corriente de lo ocurrido: Malcolm había traído a su propio ejército con el fin de encontrar a los excepcionales que se ocultaban allí. Afortunadamente, Sarah tenía un plan de emergencia para esas situaciones. Había varios camiones en los límites del campamento que nos podrían llevar al norte, a otro escondite. 

"Mirada de amor" de Ana Baratas

Es curioso ver lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando mamá todavía tenía que repetirme cada día que me abrigara. 'En pleno mes de Enero y sigues llevando el corazón al aire', decía. Ella era especial.
Gracias a ella, ahora que soy adulta, he podido poner en práctica sus variados consejos con respecto al amor, y he compredido al fin lo que significa una relación seria.                                                                           
Ya casada, espero sentada el día que me canse de él. Antes me gustaba simular que no le miraba, pero ahora me doy cuenta que no hay mayor desastre que no hacerlo. Los defectos se convierten en virtudes y el amor en cariño; cariño que se demuestra día a día, reflejado en sus simples poemas sobre la encimera cuando se va al trabajo cada mañana. 'El antojo de tenerte cerca es inevitable'. '24 horas no son suficientes para quererte'. Unos más largos que otros, pero todos igual de dulces. Siempre es tan atento. Sus detalles hacen que todo funcione como debe. Al llegar a casa me recibe siempre con un beso, que, al fin y al cabo, es un resumen de lo que sentimos. El insomnio es mucho más ameno y divertido a su lado. El amor, desde que le conocí, ha cobrado una forma más sutil. Ojalá, algún día, sea capaz de encontrarse en mis palabras, al igual que yo lo hago en sus ojos.

¿Quién no necesita un nosotros en esta vida? 

"Susto" de Salo Madroñal

Era de noche. Iba sola por la calle de camino a mi casa después de varias horas en una fiesta en la que mis amigas aún estaban. En la calle había un par de coches aparcados y una moto de color oscuro que no pude apreciar muy bien.
Las farolas apenas me aportaban luz por lo que iba con  mucho cuidado para no sufrir ningún tipo de accidente. De la nada, apareció una sombra frente a mí que me asustó. Empecé a gritar a ver si me contestaba pero, no se movía. Estaba colocada en una de las zonas más oscuras de toda la calle. Sinsaber por qué, comenzó a acercarse lentamente hacia mi. Mi mente me decía que corriese pero mi cuerpo no podía moverse. Según se acercaba mi sensación de agobio era mayor y no podía evitar sentir pánico. Cada vez estaba más cerca de mi. No podía soportar estar ahí parada, sin saber quien venía o por qué me estaba pasando a mí.
Por fin, mis piernas reaccionaron y eché a correr. Estuve corriendo en la dirección opuesta a esa calle varios minutos. Cansada, paré en un bordillo a descansar y reflexionar  sobre lo que había pasado varios minutos atrás. No tuve mucho tiempo.
Levanté la vista un segundo y otra vez la misma sombra. No sabía muy bien como  por qué me seguía pero, no me quedé a averiguarlo. Corrí y corrí. Estuve huyendo varias horas hasta que…
- Mónica despierta, o llegarás tarde al examen de matemáticas
Menos mal que todo había sido un sueño, un horrible sueño, porque sino no sé que podría haberme pasado.