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sábado, 26 de marzo de 2011

"La ola" de Miguel Prieto

Filme con temática que me ha dejado en todo momento expectante. Esta película está ambientada en Alemania, en un colegio exactamente. En este se forman unos talleres sobre temas como: autocracia o anarquía. Durante esta semana en la clase de autocracia sin quererlo se forma un grupo llamado la ola, en un momento inofensivo hasta que todo se la va de las manos al profesor. Estos chicos se hacen muy problemáticos y llegan a extremos casi inimaginables. Esta película está basada en hechos reales y  hace pensar cosas como lo fácil que sería otra dictadura como la de Hitler.

  • Lo mejor: su temática.
  • Lo peor: el trágico final.

"No sé si hablar" de Andrea del Val

No sé si hablar del amor, de la amistad, de la esperanza, de la vida o de sus recuerdos. De mis virtudes o las tuyas, de los defectos de muchos, de cómo algunos abren la boca sin pensárselo dos veces; de la resolución, el atrevimiento o la resignación. No sé si hablar del amor, de la amistad o de la vida, pero todo sigue igual que antes, o va cambiando poco a poco, con el tiempo. Los momentos se viven y pasan, y quedan sus recuerdos, firmes, que muchos afirmarían que no se los lleva nadie. No sé si hablar de la risa, de la pena o del camino, pero sí se que estoy contigo, y ellos conmigo. Sí sé que va pasando, vamos andando por la vida, con la amistad y el amor, los recuerdos y la alegría.

jueves, 17 de marzo de 2011

"Terremoto de Japón" de Bryan Calderón

"Sueños al vacío II" de La Mariposa Tuerticoja

Sueños al vacio II
V

Ruido desdeñado de un gentío
que aleja el olvido recordando
el tiempo prestado, el soñar tardío.

Murmullo de la verdad escoltado
por los guardianes de las emociones,
vestido en trajes de sueños prestados.

Aquellas puestas de un sol marchito,
que pudriéndose en los corazones
sueña que aparece en el olvido.

¡Desapareced ya de mi cabeza!

VI

Tajante parece el descoser
de mi piel por el pasar los años,
que me obligarán a perecer
observando mi cuerpo en harapos.

Apareciéndome  en los sueños
de mis días monótonos y absurdos.
Mi corazón no cesa a empeños
de los entretenimientos burdos.

Desaparece en la nïebla
del nunca haber sido querido
de verdad, verdad que entïerra
así mi alma sin haber vivido.

VII Romance

Ese blanco muro al frente,
a sus faldas un retrato
un crucifijo en la cima,
roca de montaña abajo.
Imagen de esperpento,
que puede ser un mal trago,
la mirada de aquel
rostro al que no idolatro,
ese firme pecador
que mandó matar hermanos,
de la pero forma que podía
sin mancharse las manos.
El polvo cubre la roca
de mentiras que obviamos
y mientras el Cristo llora,
mientras nosotros lloramos.
Sangran las mentiras como
también nosotros sangramos,
por lágrimas derramadas,
por todo lo que odiamos.
Y mientras el Cristo llora,
mientras nosotros rezamos.
Y mientras el Cristo llora,
mientras juntamos las manos.
Se creen que con mentiras,
nosotros ya olvidamos.
Se creen que con negarlo
nosotros no recordamos
todo aquel dolor,
todo aquel tiempo robado.
Y todos aquellos muertos
merecen ser recordados.
Y todos aquellos sueños
no deben ser olvidados,
si ni Dios cree en si mismo
después de tal maltrato.
Y mientras el Cristo llora,
mientras nosotros soñamos.
Y mientras el Cristo llora
y mientras no olvidamos.
Seguro que algún día
se acaba este maltrato.
Seguro que algún día
vuelve a gritar el callado,
pero mientras Cristo llora
mientras nosotros soñamos.
Y mientras la esperanza
va creciendo, aguantando
las patadas que nos dan
y el permanecer callados.
Y mientras el Cristo llora,
mientras nosotros soñamos.
Y mientras el Cristo llora
y mientras no olvidamos.
Y mientras España sangra
por la muerte en sus manos.
Y mientras España sangra
la sangre que derramamos.
Y mientras el Cristo llora
nosotros no escapamos.

lunes, 14 de marzo de 2011

"La papelera 4" de Coral Rivas

No sabia que podía pasarle a mi amada…Esa noche al dormir soñé algo rarísimo o por lo menos espero haber estado soñando. Estaba todo borroso podía ver la cara de mi amada aunque algo difuminada, algo me decía, no logre saber que era, la veía en mi sueño, llevaba algo en la mano, y por cierto unos bonitos zapatos. Me desperté de un salto o por lo menos parecía despierto, las gotas de sudor frío me caían por la espalda produciéndome escalofríos, me puse a pensar en mi sueño, cómo podía tener algo mi amada en las manos ¡¡si no tiene manos!! ¿¡Y unos bonitos zapatos!? ¿¿Cómo?? Estaba empezando a asustarme quería darle a todo una explicación. Estaba desconcertado, menos mal que era de noche y me fui a trabajar esa noche cuando estaba cavando como cualquier persona normal oí una voz que me llamaba, sonaba como de dentro de mi agujero, pero no había nadie eran susurros. Antes de darme cuenta estaba en el suelo, algo me había golpeado en la cabeza. Cuando me desperté estaba en una casa, vi a mi antigua mujer, era como si estuviéramos casados otra vez, no llevaba la misma ropa, no entendía nada, le pregunté a mi “mujer” qué es lo que me había pasado, pero ella me preguntó que de qué estaba hablando… Se hizo de noche y dispuse a dormir. En ese momento me acordé de mi amada, me fui a la cama y no supe que hacer porque esta mujer se había metido en la única cama de la casa. Decidí meterme, hacia tanto que no dormía con una mujer, me metí y ella me abrazó, me sentía tan feliz, podría acostumbrarme a aquello, pero no podía dormirme, que habría pasado con mi caseta, mi amada, mi trabajo… ¿Cómo había llegado hasta aquí?

"Errores" de Belén Ferrere

Es tan rídiculo pensar en esa tonterias que has hecho a lo largo de tu vida.....
Es que me da ganas de reirme,da igual que hayan pasado cuatro o cinco años...siempre estarán en mis recuerdos.
En fin..ahora hay que intentar vivir el presente sin reirte del pasado; que pasado está.
Lo de aprender de los errores, me parece un poco chorrada,no se aprende...pero se cambia,maduras con el tiempo y te das cuenta de mas cosas y ya está.
Y eso,que espero que en la vida todo me vaya bien como hasta ahora.
Pero cualquier cosa puede pasar...como aquellos que se les mueren parientes,o que tienen problemas...

viernes, 11 de marzo de 2011

Nueva antología de La Mariposa Tuerticoja

Sueños al vacio parte 1

I
No ha nacido un sueño,
ni ha muerto una pesadilla.
Ni aünque con empeño
cese de llorar la vida.
Un sentimiento sin dueño
Que vaga eternamente
para luchar con el dolor,
marchitándome la mente
como marchita la flor.
Calor intenso en la frente
que rellena de amargura
lo que encuentre más allá.
Esas lágrimas oscuras
que surgen al despertar,
cuando el sueño perdura.
Soñada lejanía
del mundo inexistente.
Ese sueño que ansía
liberación de mi mente,
quedándose ya perdida
en el mundo de los sueños.

II
Llegado ya el madrugar del vivir
se acuesta el trasnochar de la muerte.
Con los sueños echados a suerte
el mundo puede olvidarse de sentir.
Prohíbe sin dejar de permitir
el poder dejar de una vez de verte,
sueño, que nunca llegué a comprenderte;
ni lo haré mientras pueda existir
en mi memoria aquel soñar lejano.
Un sueño en el vacio de llorar
por  no cumplirse y quedar olvidado.
Y nunca se debe esperar
para emplear lo que esté en nuestra mano
para no olvidar el soñar.
III Traicionando un soneto
Sonrisas hüecas de princesas destronadas,
Guiños de ojo de galanes tuertos,
Ladrido intenso de perro muerto
Ahogado en un mar de lágrimas derramadas.
Rodean un mundo de falsedad,
de hipocondría de los escondidos,
de hipocresía de los demás vivos,
que se niegan a afrontar la verdad.
Es inútil soñar con la justicia,
porque la crueldad hace al mundo perfecto,
dejándonos llevar por la avaricia.
Querría vivir esto como otro sueño,
olvidar que también me influye la injusticia,
que no perdona que destroce un soneto.


IV
Dibujando con tinta invisible
los atisbos de un corazón.
Imaginando de forma risible
qué me dice la razón.
Si tiene motivos que otro no entiende,
si nunca tiene razones.
Dominados por pasiones
ocultas ,que el resto no comprenden,
tendemos a ponernos a llorar.
Cegándonos por la mentira,
pensar  ya se nos olvida,
igual que se nos olvida soñar.
Si esto de soñar es seguir viviendo,
vale la pena intentarlo.
Para por siempre seguir creyendo,
para nunca olvidarlo.

"¿Por qué pasan las cosas?" de Elena Molina

¿Por qué pasan las cosas? Nadie lo sabe pero lo que hay que hacer es saber cómo responder a cada situación.
Yo he estado 7 años en otro colegio en la Moraleja, allí tenía a todos mis amigos y estaba muy feliz mi clase era estupenda y nos lo pasábamos muy bien , los años pasaron volando y casi sin haberme dado cuenta estaba en el colegio recogiendo las notas de final de curso, ya había terminado 1º de la ESO, quien me diría a mí que esa sería la última vez que pisaría ese colegio, estaba muy feliz, había aprobado todas las asignaturas y no estaba preocupada por volver al colegio, ni siquiera pensaba en septiembre, tenía todo el verano por delante y tenía que disfrutarlo .
El verano pasó rápido pero lo disfruté un montón con mis amigos de la urbanización y con mis amigas del colegio, pero una tarde de agosto más o menos a 10 días de que llegase septiembre mi madre nos llamó a mi hermana y a mí y puso la cara que pone cuando ha pasado algo grave y nos contó que nos iban a cambiar de colegio. El 7 de septiembre iba a empezar el colegio y me acuerdo que el 6 de septiembre bajamos al Peñalvento a ver cómo era y cuando estábamos dando una vuelta mi madre, mi hermana y yo una amiga del antiguo colegio me llamo y no sabía cómo decirla que ya no iba a ir más a ese colegio.
Yo creo que lo que te enseñan los cambios es a ver qué personas siguen ahí cuando lo necesitas descubres a los verdaderos amigos y también a los que no lo son.
Pero en realidad este cambio ha sido bueno he conocido a muchas personas en este colegio y la relación que tenía con mis mejores amigos no ha cambiado pero en NADA.

martes, 8 de marzo de 2011

"Oda a una cortina" de Alba Cogolludo

Apolo inunda mi estancia
Con paso firme mas temeroso,
Alcanzando con dificultad cada rincón
En el que guardo mi reposo.
Que no me importan los días
pues no disfruto del momento,
ya que se obvia el tiempo
Cuando de todo se desconfía.
Y ante la ignorancia recurro
A esta fiel y piadosa cortina
Que me sirve de buen refugio
Ante nuestra tan amarga vida.
Que ya no sufro como antes
Que ya no necesito consuelo,
Pues secos de penas están los mares
Que fueron recogidos por este pañuelo.
Ciegamente me entrego a mi velo
Que de buena fe en aquel confío,
Pues me guarda de crueles lamentos
Y de aún peores recuerdos sombríos.
Calma, tranquilidad, armonía y sosiego
Todo ello es lo que yo busco,
Pues del resto siempre encuentro
En este irónico mundo injusto.
A ti agradezco tela protectora
Que me cuides de desventuras,
Por ser éstas provocadoras
De las más temidas locuras.

"Detente" de Alba Cogolludo

Cuatro de la mañana. Como todas las noches desde hace una semana, despierto, intranquilo, mi respiración es entrecortada, pero rápida, agobiada, me falta aire para calmar mi ansiedad, noto como se encogen y se abren mis pulmones tratando de aspirar todo lo posible hasta saciar su apetito. La presión en los senos me taladra sin piedad hasta lo más profundo del cráneo, puede parecer doloroso, lo cierto es que, realmente, lo es, pero creo que empiezo a acostumbrarme. Cuando cada noche de madrugada experimentas las mismas sensaciones sin remedio alguno, ni forma de calmar la ansiedad, descubres que la única cura viable es la resignación. Lo aceptas, sabes que te lo mereces, es un castigo que, en el fondo, necesitas para calmar tu culpabilidad. Hasta que logres superarlo, algo que desconoces cuando podrá tener cabida, pues lo ves lejano, inalcanzable, eres consciente de que tus noches se limitan a ver cómo te consumes en tu propio dolor y permaneces en vela hasta la mañana siguiente. Por lo que ahí sigo. Mis ojos, agotados, pero incansables, deambulan por el techo buscando, quizá, alguna justificación a mi gran error, pero es la misma historia de siempre, es un buscar y un no encontrar, es una esperanza desesperanzadora, una tormenta de preguntas y una sequía de respuestas, algo habitual que, sin embargo, no se puede cambiar y se repite y seguirá repitiendo hasta quién sabe cuándo.
Bajo la mirada hacia la ventana, parece que ayer decidí traerme unos recuerdos de tan fastuosa noche: tres botellines y una bolsa medio vacía de pastillas se apoyan sobre los restos de lo que antes eran mis proyectos y deseos del futuro, mis bocetos sobre el complejo urbanístico que hasta hace poco era el eje de mis motivaciones y aspiraciones laborales en esta vida, ahora, todo eso, ya da igual. Los vicios han desgastado mis últimas fuerzas de perseguir las metas que iban a marcar una vida exitosa y gratificante, alejada de todo lo que yo antes llamaba perdiciones y ahora se han convertido en mi día a día o mejor dicho, en mi noche a noche.
Hoy es una noche dura de invierno. Noto como el despiadado frío se abraza a mi cuerpo buscando calor que apagar, a pesar de estar cubierto por infinitud de gruesas mantas, siento cómo cada parte de mi cuerpo se estremece ante una traviesa brisa que parece haberse colado por algún resquicio de la ventana. Me encojo. El astuto invierno no conseguirá arrebatarme todo mi calor, mas parece que tal frío no es efecto de esta implacable estación, pues el termómetro no baja de los 18 grados. Los recuerdos también son gélidos, devastadores, logran erizar todo el vello de mi cuerpo, se me entumecen las extremidades, quedando reducido a una débil e indefensa víctima del pasado. En ninguna ocasión anterior mis pesadillas habían logrado dominarme de tal modo, bloqueando mis pensamientos, mis reacciones, simplemente estaba inmóvil, eso sí, las imágenes de aquella noche no dejaban de pasar una tras otra:
Tres y media de la mañana. Parece que el ambiente no decaerá hasta pasadas unas horas más. A pesar de ello, nos apetece cambiar de escenario. Recorremos tambaleándonos el breve camino que nos separa de mi coche dejando atrás el ruido, las luces y la locura de la astuta noche que nos envuelve en, lo que para quien yo menos desearía será, la última velada nocturna. Me cuesta avanzar, mi mente tan solo visualiza el capó del coche en la lejanía, ansiada y única meta en este preciso momento. La penumbra de la oscuridad nos envuelve a mí y a Victoria. Ella se muestra incansablemente risueña, a pesar de la cantidad de sustancias que pueden estar recorriendo sus venas y arterias en estos momentos, ella parece moverse con la misma gracilidad con que lo hace en estado sobrio y entero. Sin dejar de sonreír y balancearse de un lado a otro alrededor de mi coche, se ofrece a ir al volante alegando que evidentemente me hallo en un estado más deplorable que el suyo; no me opongo pues he de reconocer que si ni siquiera soy capaz de desplazarme 150 metros con su envidiable gracia y compostura, dudo que pueda manejar tal tonelaje de maquinaria sobre ruedas apenas un kilómetro la mitad de bien de lo que ella podría hacerlo a lo largo de todo el recorrido, por lo que me limito a asentir, le lanzo las llaves por encima del vehículo y me dispongo a ser conducido a nuestro próximo destino ocupando el asiento del copiloto. Oigo el rugir del motor despertar de su gélido y profundo sueño. El duro asfalto avanza bajo los sumisos neumáticos mientras que las juguetonas rayas de la carretera pasan unas tras otras, como si se persiguieran y trataran de alcanzar a la anterior. Noto que Victoria decide trasladar la música ya perdida del local al interior del coche conectando la radio, a la par que tararea las canciones con un escandaloso murmullo. Miro el reloj, las cuatro de la mañana. A fuera, la noche es cerrada, la luz de la Luna se muestra casi imperceptible, alumbra tan solo lo suficiente como para atisbar siluetas a menos de 5 metros. Quizá fue eso, o quizá no, lo que nos condujo a tan amarga fortuna. Levanto la mirada perezosa, recorriendo el salpicadero, desde el felpudo hasta la luna frontal y trato de visualizar la imagen que se esconde tras la oscuridad del cristal, cuando me ciega una luz que se dirige directamente hacia nosotros. Tan solo tres segundos que se convierten en un largo minuto, tres segundos en los que ninguno reacciona ante los hechos de los que ya no hay forma alguna de escapar, tres segundos en los que nuestras miradas se cruzan y se dicen todo lo que llevan años sin decirse, tres segundos en los que percibo el pánico que marca el latir rotundo de nuestros corazones, tres segundos para decir adiós. La luz inunda el interior de nuestras plazas y a partir de ese momento el ruido se vuelve sordo y la imagen, blanca.
¿Qué hacer cuando sabes que estás cometiendo un error, cuando estás tomando el camino equivocado y aún así eres incapaz de cambiar el rumbo de tu vida? Detenerte. Detenerte para reflexionar. Porque nunca es tarde para darnos cuenta de los errores, lo importante es precisamente eso, ser inconformistas y críticos, ansiar los cambios, desear las mejoras, porque la resignación no es una opción. Si hay algo que he aprendido es que prefiero perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto. Por lo que, detente.